• El Unico Camino

    Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

    Juan 14:6
  • Levántate y Resplandece

    Lectura bíblica para hoy. Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.

    Isaias 60:1
  • La mies es mucha

    La cosecha se acerca. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

    Lucas 10:2

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Reflexión de la semana

 INESCRUTABLES RIQUEZAS DE CRISTO. También hay bosquejos para sermones. Clix en leer mas,

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Ultimo Sermón

Escuche el último sermón titulado 'Que es la muerte' con el pastor Carlos Izaguirre Medina.

BUSCAR LA RECONCIIIACION

el .

   

Buscar la reconciliación

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,

deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda. Mateo 5.23–24

 

Esta enseñanza contradice los conceptos populares de lo que debemos hacer en situaciones de conflicto interpersonal. Normalmente nosotros enseñaríamos que si alguien tiene algo contra otra persona debe ir y hablarlo con ella. Mas Cristo revierte los roles y nos dice que si tenemos conciencia de que nuestro hermano tiene algo contra nosotros debemos tomar la iniciativa de buscarlo.

La razón pareciera encontrarse en las características que asumimos cuando estamos ofendidos. Lejos de buscar la manera de resolver nuestro conflicto, nos airamos y tendemos a aislarnos de la persona que, según entendemos, nos ha ofendido. Por naturaleza no buscamos hablar las cosas y poner todo en claro. Más bien tendemos a encerrarnos en nosotros mismos y dejar que nuestro corazón se llene de pensamientos indignos hacia la otra persona. Quizás es la misma intensidad de estos sentimientos que nos impide buscar al otro para hablar sobre lo sucedido. Sea cual sea la razón, Cristo anima a la persona que es causante de la ofensa (sea real o imaginada) a que tome la iniciativa de ir a hablar con el ofendido. De esta manera se asegura que, cualquiera sea el camino a recorrer, una relación quebrada no continúe indefinidamente en este estado.

El Señor creía que esta necesidad de reconciliación era tan fundamental para la salud espiritual de los involucrados que ordenó que se interrumpiera un acto de adoración hacia Dios para realizar este paso de restauración. En muchas situaciones creemos que nuestra relación con Dios puede seguir normalmente, a pesar de que nuestras relaciones horizontales con los que son de la familia no gozan de la salud que deberían tener. Cristo, sin embargo, deseaba recalcar que la rotura de las relaciones con nuestros hermanos afecta dramáticamente nuestra relación con el Padre. Aun cuando queramos convencernos de que nuestra ofrenda es recibida con agrado, la Palabra revela que Dios se resiste a la devoción de aquellos que no están en paz con sus semejantes. En Isaías 58, un pasaje que denuncia con dureza la religiosidad de Israel, el profeta condena al pueblo porque ayunan, se visten de cilicio y oran al Señor mientras oprimen a sus trabajadores y buscan cada uno su propia conveniencia. «He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente» (58.4). El pasaje anima a una expresión de la vida espiritual que se traduce en relaciones armoniosas con Dios y con los hombres.

Por todo esto Cristo resaltó que la restauración de las relaciones era una prioridad impostergable en la vida de los hijos de Dios. El asunto fundamental en juego no es quién tiene razón en el pleito o la disputa existente. La cuestión esencial es si las dos personas están dispuestas a dar paso a la ley del amor, que es la primera ley, y la que resume todos los demás mandamientos.

 

Para pensar:

«Somos como bestias cuando asesinamos. Somos como hombres cuando juzgamos. Somos como Dios cuando perdonamos». Anónimo.

 

 

 

 

 

Stott, J. (2008). (Stott, J. (2008) La cruz de Cristo)

La mirada ‘debajo de la superficie’ en el capítulo anterior bien pudo haber provocado en algunos lectores una respuesta impaciente. Quizás se digan que todo puede explicarse en forma mucho más simple. la sencilla cena en el aposento alto, la oración agónica en el huerto, como también el grito desde la cruz. ¿Por qué se ha de complicar todo con esa tortuosa teologización? Sin duda, esta es una reacción comprensible.

En particular, muchas personas se desconciertan ante nuestra insistencia en que la cruz de Cristo constituye la única base sobre la cual Dios perdona los pecados. ¿Por qué ha de depender de la muerte de Cristo nuestro perdón?, se preguntan. ¿Por qué no nos perdona Dios simplemente, sin que sea necesario interponer la cruz? Como lo expresó el cínico francés. ‘Le bon Dieu me pardonnera; c’est son métier.’1 Después de todo, dicen, si pecamos unos contra otros, se nos exige que nos perdonemos unos a otros. Incluso se nos advierte acerca de las funestas consecuencias si nos negamos a hacerlo. ¿Por qué no puede Dios practicar lo que predica y obrar en forma igualmente generosa? No hace falta ninguna muerte para que nos perdonemos unos a otros. ¿Por qué, entonces, Dios agranda el asunto de nuestro perdón al punto de declarar que es totalmente imposible sin que su Hijo sea sacrificado por el pecado? Suena como una superstición primitiva que el hombre moderno debería haber abandonado ya hace mucho, concluye esta objeción.

Resulta importante que nos hagamos estas preguntas y que las respondamos. De inmediato podemos ofrecer dos respuestas, y dedicaremos el resto del capítulo para desarrollarlas. La primera la proporcionó el arzobispo Anselmo en su gran obra ¿Cur Deus homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?) a fines del siglo xi. Si alguien se imagina, escribió Anselmo, que Dios puede limitarse a perdonarnos en la forma en que perdonamos a otros, significa que esa persona ‘no ha considerado todavía la seriedad que reviste el pecado’, literalmente ‘cuán grande peso tiene el pecado’ (i.xxi). La segunda respuesta podría expresarse en forma semejante. ‘No ha considerado todavía la majestad de Dios.’ Cuando están fuera de foco nuestra percepción de Dios y el ser humano, o de la santidad y el pecado, nuestra comprensión de la expiación también está fuera de foco, naturalmente.

No es acertado comparar nuestro perdón con el de Dios. Cierto es que Jesús nos enseñó a orar diciendo. ‘Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal’ (dhh). Pero Jesús estaba enseñando que el que no perdona no puede ser perdonado, y por consiguiente el que es perdonado tiene la obligación de perdonar. Esta enseñanza queda clara en la parábola de los dos deudores. Jesús no estaba trazando un paralelo entre Dios y nosotros en relación con la base sobre la cual descansa el perdón.2 Si argumentamos que nosotros nos perdonamos unos a otros incondicionalmente, y que, por lo tanto, Dios debe hacer lo mismo con nosotros, no estamos considerando el hecho elemental de que nosotros no somos Dios. Somos individuos privados, y las ofensas de otras personas constituyen daños personales. Dios no es un individuo privado; es él mismo quien hace las leyes que nosotros quebrantamos. El pecado es una rebelión contra su persona.

La pregunta crucial que debemos plantear es otra. No consiste en averiguar por qué le resulta difícil perdonar a Dios, sino cómo es siquiera posible que pueda hacerlo. Como lo ha expresado Emil Brunner. ‘El perdón es justamente lo opuesto a todo lo que se pueda dar por sentado. No hay nada menos obvio que el perdón.’3 O, en palabras de Carnegie Simpson. ‘El perdón es para el ser humano la más clara de las obligaciones; para Dios es el más profundo de los problemas.’4

El problema del perdón está constituido por el inevitable choque entre la perfección divina y la rebelión humana, entre Dios como es él y nosotros como somos nosotros. Lo que obstaculiza el perdón no es solo nuestro pecado o nuestra culpa. Es necesario resolver la tensión entre el amor y la ira de Dios para con los pecadores culpables. Porque, si bien es cierto que ‘Dios es amor’, también tenemos que recordar que su amor es un ‘amor santo’.5 Es decir, el amor que busca a los pecadores pero a la vez se niega a pasar por alto su pecado. Por lo tanto, ¿cómo podía Dios expresar su santo amor, al perdonar a los pecadores, sin comprometer su santidad? ¿Y cómo podía expresar su santidad, al juzgar a los pecadores, sin frustrar su amor? Enfrentado por el mal de la humanidad, ¿cómo podía Dios ser fiel a sí mismo en la expresión de su santo amor? En palabras de Isaías, ¿cómo podía ser simultáneamente ‘Dios justo y Salvador’ (45:21)? Porque, si bien es cierto que Dios demostró su justicia al tomar medidas para salvar a su pueblo, las palabras ‘justicia’ y ‘salvación’ no pueden tomarse como simples sinónimos. Sí podemos decir que la iniciativa salvadora es compatible con su justicia y a la vez la expresa. En la cruz, en su santo amor, Dios pagó él mismo por medio de Cristo toda la deuda de nuestra desobediencia. Él soportó en su persona el juicio que merecíamos nosotros con el fin de obtener para nosotros el perdón que no merecíamos. En la cruz se expresaron, y se reconciliaron eternamente, tanto la misericordia como la justicia divinas. El santo amor de Dios fue ‘satisfecho’.

Pero estoy avanzando demasiado rápidamente. La razón que hace que muchas personas den respuestas equivocadas a los interrogantes acerca de la cruz, e incluso que planteen preguntas erróneas, es, como dijimos al comienzo, que no han considerado la gravedad del pecado ni la majestad de Dios.

Es preciso hacerlo. Para ello vamos a considerar cuatro conceptos bíblicos fundamentales, a saber, la gravedad del pecado, la responsabilidad moral humana, la culpabilidad verdadera y la falsa, y la ira de Dios. De este modo hemos de vernos como personas pecaminosas, responsables, culpables y perdidas. No será un ejercicio agradable y sin duda pondrá a prueba nuestra integridad.[1]

 



1 ‘El buen Dios me perdonará; esa es su tarea (o su especialidad).’ Citado por S. C. Neill en Christian faith today, p. 145. James Denney atribuye la cita a Heine en su Death of Christ, p. 186.

dhh Dios Habla Hoy, Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1979, 1983, 1994.

2 Mt. 6:12–15; 18:21–35.

3 Emil Brunner: Mediator, p. 448.

4 P. Carnegie Simpson: Jesucristo: su realidad y significado (p. 109 en la edición citada por el autor; ver Bibliografía).

5 Para el énfasis en el ‘amor santo’ ver, por ejemplo, P. T. Forsyth tanto en Cruciality of the cross como en Work of Christ, William Temple en Christus veritas, pp. 257, 269, y Emil Brunner en Mediator.

[1] Stott, J. (2008). la Cruz de Cristo. (A. Powell, Ed., D. R. Powell, Trad.) (2a ed., pp. 115–119). Barcelona; Buenos Aires; La Paz: Ediciones Certeza Unida.

 

CÓMA IDENTIFICAR A UNA IGLESIA GENUINA

La iglesia en Éfeso … la iglesia en Esmirna … 

la iglesia en Esmirna …

la iglesia en Pérgamo …

la iglesia en Tiatira …

la iglesia en Sardis …

la iglesia en Filadelfia …

la iglesia e Laodicea …

Apocalipsis 2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14

 Toda iglesia local constituye una manifestación de la única Iglesia universal, y presenta la naturaleza de esa Iglesia como familia regenerada del Padre, cuerpo de Cristo que ministra y comunión sostenida por el Espíritu Santo. El mundo contiene iglesias con un estilo propio y credenciales dudosas o falsas (por ejemplo, las iglesias unitarias y la iglesia mormona, que niegan ambas la Trinidad). También, es un hecho conocido que ciertas congregaciones que en un tiempo sostuvieron la fe sin ambigüedades, han ido cayendo hasta el punto de que es difícil saber si aún siguen siendo iglesias. Por consiguiente, es necesario usar de discernimiento. Al oponerse al papado y separarse de la Iglesia católica romana, los reformadores necesitaron determinar cuáles eran las señales distintivas de la Iglesia verdadera. A partir de las Escrituras, encontraron la respuesta en función de dos criterios.

 

1. La fiel predicación de la Palabra de Dios. Esto significa que el grupo en cuestión predica los puntos esenciales del Evangelio cristiano a partir de las Escrituras. La negación de la Trinidad, de la divinidad de Cristo, de la expiación que quitó los pecados y de la justificación por medio de la fe, por ejemplo, relaciona a los grupos aberrantes del presente con los separatistas del docetismo, cuyo rechazo de la Encarnación y la Expiación (1 Juan 4:1–3) hizo exclamar a Juan: “No eran de nosotros” (1 Juan 2:19).

 

2. El uso correcto de los sacramentos. Esto significa que se consideran y explican el bautismo y la Santa Cena como presentaciones del Evangelio destinadas a recordar, confirmar y fortalecer la fe en Cristo. Las supersticiones que ahogan la fe al convertir los sacramentos en ritos mágicos, son intolerables. Estas supersticiones golpean la identidad eclesial de una forma más radical que ninguna de las demás cosas que obstruyen la fe en Cristo. La recepción en la Iglesia visible es parte de lo que significa ser bautizados; la confirmación del lugar que la persona ocupa en ella forma parte de lo que significa compartir la Cena del Señor. El uso correcto de los sacramentos comprende un elemento de disciplina eclesial por medio del cual se prueban las profesiones de fe y se revisa la conducta pública.

Lo ideal es que una congregación cristiana presente otras marcas distintivas de su identidad junto a estas dos mínimas. Lutero habló concretamente de las claves de la disciplina (Mateo 16:19), un ministerio autorizado (Hechos 14:23; 20:28), la adoración pública (Hebreos 10:25) y el sufrimiento bajo la cruz (Hechos 14:22;20:29). Las iglesias reformadas concretaron un sistema de funcionamiento para la disciplina como tercer criterio o marca distintiva de la Iglesia visible (Tito 1:13; 2:15; 3:10). Hoy en día, los carismáticos y otros hablan del ministerio activo de todos los miembros como otra de las señales distintivas de la Iglesia verdadera (Efesios 4:7–16).

Con todo, estas señales adicionales no son esenciales en el mismo sentido en que lo son las dos mínimas. Ciertamente, aquella iglesia que carezca de ellas será deficiente, pero no sería cierto afirmar que no reúne en absoluto las características de iglesia.[1]

 



[1] Packer, J. I. (1998). Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del Cristianismo histórico (pp. 211–212). Miami, FL: Editorial Unilit.

 

EL MESIAS MURIO POR NOSOTROS

«Se quitará la vida al Mesías, mas no por sí» (Daniel 9:26)

¡Bendito sea su nombre!, no hay causa de muerte en él. Ni pecado original ni pecado presente lo ha manchado y, por tanto, la muerte no tiene ningún derecho sobre él. Ningún hombre podría haberle quitado la vida con justicia, pues él no injurió a ningún hombre; y ningún hombre podía haberlo matado por la fuerza, si él no hubiese deseado entregarse para morir. Pero, he aquí que uno peca y otro sufre. La justicia se vio ultrajada por nosotros, pero halla en él su satisfacción. Ni ríos de lágrimas, ni montañas de sacrificios, ni mares de sangre de bueyes, ni cerros de incienso hubiesen servido para la remisión de los pecados; pero Jesús fue muerto por nosotros y la causa de la ira desapareció enseguida, porque se había eliminado el pecado para siempre. Aquí hay sabiduría, mediante la cual la sustitución, seguro y rápido camino de expiación, se divisaba. Aquí hay condescendencia, que envía al Mesías —el Príncipe— para que se ciña una corona de espinas y muera en la cruz. Aquí hay amor, que lleva al Redentor a dar su vida por sus enemigos. Sin embargo, no basta con admirar el espectáculo del inocente que sangra por el culpable; tenemos que estar seguros de que también nos salvó a nosotros. El propósito particular de la muerte del Mesías era la salvación de su Iglesia. ¿Tenemos nosotros parte y suerte entre aquellos por quienes él dio su vida en rescate? ¿Fuimos curados por sus llagas? Será terrible si nos privamos de una porción de su sacrificio; en ese caso, sería mejor no haber nacido. Aunque la pregunta es solemne, nos alienta saber que se puede contestar claramente y sin error: para todos los que creen en él, Jesús es un Salvador actual y sobre los tales se esparció toda la sangre de la reconciliación. Que cuantos confían en los méritos de la muerte del Mesías se sientan gozosos al recordarlo, y hagan que una santa gratitud los guíe a consagrarse por entero a su causa.[1]

 



[1] Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 24). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

 

 

Entonces también dijo otro: Te seguiré,

Señor; pero déjame que me despida primero

de los que están en mi casa.

Jesús le contestó: Ninguno que, habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrás es apto para el reino de Dios. Lucas 9.61 

El texto de hoy nos presenta al tercer individuo que expone Lucas. Como hemos observado anteriormente, el reino no admite voluntarios, aunque muchas veces nuestra actitud hacia la vida cristiana pareciera indicar que nosotros escogimos a Dios. El Nuevo Testamento claramente indica que todos los que caminan con él lo hacen porque han sido alcanzados por su misericordia.

 

La persona en este pasaje también deseaba incorporarse al grupo de seguidores que acompañaban a Cristo en todo momento. ¿Habría pensado que el Señor se iba a sentir impresionado por su abnegada entrega? No importa cual fuera su motivación, él tenía una condición para su entrega, un «pero», y sabemos bien que no podemos imponer condiciones a Aquel que va a ocupar el lugar de amo en nuestras vidas. El deseo de este varón era primeramente despedirse de los de su casa.

 

La cortesía de saludar a sus parientes y amigos antes de embarcarse en esta aventura es muy meritoria. Mas Cristo detectaba en el corazón de él vínculos con su entorno que no eran sanos. Quizás existía la posibilidad de que, volviendo para saludarlos, trataran de convencerlo de que desistiera de su cometido. Quizás lo iban a entretener con otras actividades que lo demorarían innecesariamente. El hecho es que estas personas representaban una amenaza a quien requería de un compromiso claro y sin vacilaciones para seguir a Cristo.

 

Como en tantas otras ocasiones Jesús puso un ejemplo de la vida cotidiana para ayudarlo a entender cuál era el peligro al que se estaba enfrentando. ¿Quién de sus oyentes no había visto a un hombre arando el campo con su yunta de bueyes? El pesado arado requería de toda la fuerza de los animales para remover la tierra, pero también necesitaba de la concentración del labrador para que los surcos salieran derechos y así facilitaran la tarea de sembrado. Ningún campesino podía arar correctamente la tierra si estaba continuamente volteándose para mirar hacia atrás.

 

El mensaje es claro. Seguir a Cristo requiere de un compromiso que no ceda a las distracciones. Es decir, necesitamos estar absolutamente atentos a la dirección en la cual se está moviendo, a sus palabras, a los aspectos de nuestra vida con los que quiere tratar. Todo esto será difícil si estamos distraídos con otros asuntos ajenos al reino, tan difícil como captar la atención de un niño cuando está enteramente absorto con su juguete favorito. Del mismo modo, en nuestro andar cotidiano, muchas veces nos entretenemos con actividades y pasiones que nos desvían de nuestra devoción a Cristo.

 

 

 

Para pensar:

Para los que estamos al frente de ministerios de formación ¡qué importante es tener un claro objetivo hacia el cual dirigirnos! Existen tantas actividades en la iglesia que son meras distracciones. El obrero eficaz nunca pierde de vista que ha sido llamado a 

 

 

 

Sé amigo de los nuevos creyentes

Lectura bíblica: 1 Pedro 5:2–9

 Apacentad el rebaño de Dios que está a vuestro cargo. 1 Pedro 5:2

 —¿El aposo qué? —tartamudea un chico sentado en la primera fila.

—La palabra es “apóstol”, tonto —corrige Adolfo desde la última fila en la clase de la Escuela Dominical—. Por ejemplo, el apóstol Pablo. Un apóstol es un representante oficial enviado por Dios a predicar el evangelio y a enseñar a la iglesias, muchas veces en más de un lugar.

La chica en la primera fila y varios otros se dan vuelta para mirar a Adolfo, quien se vuelve a acomodar en su silla y menea la cabeza ante la ignorancia del resto de la clase. Opina que son unos ignorantes espirituales, y, después de años en la Escuela Dominical, le parece que ya sabe demasiado para sacar algún beneficio de ésta.

Más y más son los chicos que aceptan a Cristo y no tienen idea de lo que se trata la Biblia. Aprender de un maestro bondadoso y paciente —no alguien como Adolfo— los conceptos básicos de nuestra fe es una de sus mayores necesidades. Creélo o no, Dios tiene para cada uno de nosotros una parte que cumplir en ayudar a los nuevos creyentes a nuestro alrededor.

Quizá te gustaría ser maestro. Puedes formar pareja con un adulto para empezar un pequeño grupo de nuevos cristianos que se reúna una vez por semana para aprender y crecer. Quizá quieras ser un invitador que hace la propaganda para los encuentros y consigue participantes para el estudio. O quizá te consideres un compañero cotidiano que tiene el propósito de estar siempre a disposición de los nuevos creyentes a tu alrededor.

Sea cual fuere el rol que cumplas, aquí tienes cuatro cosas que puedes hacer para ayudar a tus amigos que son nuevos creyentes a crecer, y para que, al mismo tiempo, crezcas tú.

Sean sinceros unos con otros. Conversen acerca de lo que está pasando en la vida de cada uno. Incluyan lo que ven que Dios está haciendo y cómo se están desarrollando.

Estudien juntos la Biblia. Lean los versículos que ayuden a tus amigos a cimentar su fe. Muéstrales cómo leer la Biblia por sí solos, junto con un libro devocional como éste. O cuéntales las cosas en la Biblia que te conmueven.

Contesten juntos las preguntas. Tus amigos quizá tengan montones de preguntas. ¡Déjales que las hagan! Si no sabes alguna respuesta, averíguala.

Oren juntos. Esto brinda la oportunidad de demostrar cómo orar y de qué orar. Haz que las oraciones sean una conversación sencilla con Dios acerca de tus pensamientos, sentimientos y necesidades.

Más que ninguna otra cosa, necesitas ser un amigo cristiano. Algunos creyentes nuevos han perdido a sus amigos de antes. ¡Sé tú un amigo!

 

 

PARA DIALOGAR: ¿De qué manera puedes ayudar a chicos que son nuevos creyentes?

 

 

 

PARA ORAR: Señor, gracias por darnos el Espíritu Santo, quien nos muestra cómo ayudar a los que recién te conocen.

 

 

 

PARA HACER: Como familia, busquen Biblias fáciles de leer y libros devocionales entretenidos que pueden ayudar a los que recién han aceptado a Jesús como su Salvador.

 

 [1]


[1] McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

 

El pecado al acecho

Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo. Génesis 4.6–7 (LBLA)

Siempre resulta admirable ver en las Escrituras lo increíblemente sencillas que son las enseñanzas de Dios a sus hijos. Él escoge presentarlas en el idioma y contexto que ellos pueden entender, de manera que la verdad presentada queda fácilmente grabada en el corazón. En este caso, el Señor usa una dramática analogía de la vida real para comunicarle a Caín un principio eterno de la vida espiritual.

Caín y Abel eran personas acostumbradas a la vida agreste, uno como labrador y el otro como pastor de ovejas. No hemos de dudar que con frecuencia tuvieron que enfrentarse a las fieras del campo que intentaban devorarse los animales del rebaño. De esta experiencia, Dios se sirvió de una ilustración que ayudaría a Caín a entender la dinámica por la cual el pecado se hace fuerte en nuestras vidas.

Cuando escogemos hacer lo que no es correcto, hemos optado por un estilo de vida que acarrea ciertas consecuencias para nosotros. El que anda en lo malo, atrae la maldad. Frente a Caín, el Señor escogió la frase «el pecado yace a la puerta». La palabra «yace» podría traducirse «está agazapado» y describe a la perfección la postura del animal de caza que estudia intensamente a su víctima para pegar el dramático salto que lo pondrá en sus garras. Nos da la imagen, tantas veces vista en documentales, del león escondido en los pastizales, lentamente acercándose a un animal que no sospecha de su presencia. De la misma manera, quien anda en lo malo es «escogido» por el pecado como una presa segura.

La víctima tiene todas las características que la hacen atractiva para el enemigo. Por esta razón, el Señor usó la frase «te codicia». Contrario a los mitos populares, los animales de caza no siempre atrapan a las víctimas que escogen. Los leones, por ejemplo, pierden más del cincuenta por ciento de sus víctimas. Debido a esto, es parte de la estrategia del león buscar a los animales más débiles y desprovistos de protección. Quien anda en lo malo debilita sus defensas espirituales y se abre a los ataques sorpresivos del pecado, que fácilmente se instalará en su vida.

Continuando con la analogía, el Señor insta a Caín a que domine al animal que está por atacar. En otras palabras, viendo su postura agazapada, debía tomar la iniciativa y atacar antes de ser atacado. En esto, vemos una segunda lección importante con respecto al pecado. Es nuestra responsabilidad no permitir que se haga fuerte en nuestro interior. Nadie puede hacer esto por nosotros. Debemos resistirnos a sus asechanzas y echarlo de nuestra presencia antes de que pegue el zarpaso. Una postura de permanente vigilancia es indispensable para resistirse al pecado.

Para pensar:

«Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mt 26.41).

 

 

 Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

 

Lucas 19: 41–48

Henry, M., & Lacueva, F

El gran Embajador del Cielo hace ahora su entrada pública en Jerusalén, no para ser respetado allí, sino para ser rechazado Véanse aquí dos ejemplos del amor que tenía a esta ciudad y de la tristeza que le embargaba ante la presciencia de lo que le iba a ocurrir a Jerusalén.

I. Las lágrimas que derramó por la inminente ruina de la ciudad: «Y cuando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella» (v. 41). Desde lo alto de la colina, dominaba el panorama de la ciudad. La vista espléndida de Jerusalén, asociada con la multitud de recuerdos históricos y con sus propias experiencias personales afectó de tal modo al corazón del Salvador, que prorrumpió en sollozos. El verbo del original no es el «derramar silencioso de lágrimas» de Juan 11:35, sino el llanto audible y clamoroso, en el que las frases de los versículos 42–44 saldrían entrecortadas. Veamos aquí:

1. Cuán tierno era el corazón de Jesucristo: tres veces le hallamos llorando; nunca riéndose.

2. Que Jesús se puso a llorar cuando todos los que le rodeaban estaban regocijándose, para mostrar así cuán poco enaltecido se sentía con los aplausos y las aclamaciones de la multitud.

3. Que lloró sobre Jerusalén. Hay ciudades que requieren lamento, pero ninguna tanto como Jerusalén, tan privilegiada y tan ingrata. Pero ¿por qué lloró Cristo a la vista de Jerusalén? Él mismo nos da la razón de sus lágrimas:

(A) Jerusalén no ha aprovechado el día de su gran oportunidad: «¡Si también tú conocieses, Y DE CIERTO EN ESTE TU DÍA, lo que es para tu paz! Mas ahora está oculto a tus ojos» (v. 42). (Para ver la importancia de la frase enfatizada, v. mi libro Escatología II, pp. 167–168. Nota del traductor.) Lamentablemente, la ciudad «no conoció el tiempo de su visitación» (v. 44). El modo de hablar de Jesús es abrupto: «¡Si conocieses …!»; algo parecido a lo de la higuera de 13:9: «Y si da fruto …» ¡Cuán feliz habría sido la ciudad amada si se hubiera percatado de quién, y para qué, entraba aquel día por sus puertas! Jesús culpa a la propia ciudad de la ruina inminente, y de ello hemos de sacar lecciones para nosotros mismos: (a) Hay cosas que son para nuestra paz cuyo conocimiento nos interesa grandemente: son las cosas que afectan a nuestro verdadero bienestar presente y futuro. (b) Hay un tiempo de visitación que debemos conocer y para el que debemos estar alertados; son días en que el mensaje de la Palabra penetra con fuerza en nosotros, y la gracia de Dios llama urgente e insistentemente a la puerta de nuestro corazón. (c) Los que por largo tiempo han descuidado el tiempo de su visitación, si por fin, abren los ojos y reflexionan, todo les irá bien, pues no serán rechazados aun cuando vengan a la viña a la hora undécima. (d) Es una gran locura, cuando los medios de gracia están al alcance de la mano desaprovechar las oportunidades que Dios nos otorga. Cuando se nos declaran las cosas que son para nuestra paz, ¡no les cerremos los ojos! ¡Metámoslas en el corazón! Si no las recibimos cuando es el tiempo aceptable, el día de salvación (2 Co. 6:2) estamos en peligro de perecer a causa de nuestro lamentable descuido. No hay peor ciego que el que no quiere ver, porque cree que ve cuando no ve (v. Jn. 9:41). (e) El pecado y la locura de quienes persisten en despreciar la gracia del Evangelio causan gran tristeza al Señor Jesús, y nos la debería causar también a nosotros. Así como Él mira con ojos nublados por las lágrimas a las almas perdidas, puesto que rehúsan arrepentirse, así también nosotros habríamos de llorar y orar, y obrar, sobre tantos semejantes nuestros que se pierden cada día.

(B) Jerusalén no escapará de la desolación que se cierne sobre ella. El día de la salvación estaba oculto a los ojos de los judíos. Es cierto que el Evangelio fue predicado después allí mismo por los apóstoles, con lo que grandes multitudes fueron convencidas y se convirtieron (v. Hch. 2:38 y ss.); pero, en cuanto al grueso de la nación y, en especial, a sus líderes, podemos decir que quedaron sellados bajo incredulidad. Por haber rechazado la gran salvación que se les ofrecía, fueron justamente entregados a la ceguera y al endurecimiento de los justos juicios de Dios: (a) Durante aquella misma generación, vinieron los romanos, rodearon la ciudad con vallado, la sitiaron, y la estrecharon por todas partes (v. 43); (b) más aún, Tito mandó a sus soldados derribar a tierra y cavar toda la ciudad hasta allanarla por completo, con la excepción de tres torres; los mismos ciudadanos («tus hijos dentro de ti») fueron cruelmente asesinados, y quedaron en el suelo al nivel de la ciudad desolada; escasamente quedó piedra sobre piedra. Y todo ello, «por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación (v. 44).

II. El celo que mostró por la presente purificación del templo:

1. Cristo lo limpió de quienes lo profanaban. Se fue derecho al templo, «y comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él» (v. 45). La gloria del templo estaba en su pureza más bien que en su riqueza. Cristo explicó el motivo por el cual obraba así: «Escrito está: Mi casa es casa de oración» (v. 46 comp. con Is. 56:7). El templo es casa de oración, destinada a la comunión con Dios, los que vendían y compraban lo convertían en «cueva de ladrones», a causa de los contratos fraudulentos que allí se llevaban a cabo; además, eso constituía una distracción para los que iban allí a orar.

2. En cambio Él usaba el templo de la mejor manera posible, pues allí «enseñaba cada día» (v. 47). Obsérvese que, cuando Cristo enseñaba en el templo, (A) los líderes religiosos sólo maquinaban persecución y muerte contra Él: «pero los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle». (B) En cambio, el pueblo sencillo le respetaba y le escuchaba con agrado: «todo el pueblo estaba en suspenso oyéndole» (v. 48). La palabra de Cristo mantenía arrobados a sus oyentes sencillos; y los enemigos del Señor «no hallaban nada que pudieran hacerle» (v. 48a). Hasta que llegara su hora, el interés que Él mostraba en el pueblo ordinario era para Él una protección, ya que ese pueblo correspondía con su atención e interés por la persona del Salvador; pero, cuando llegó su hora, la influencia de los principales sacerdotes sobre el pueblo llevó a la gente a pedir a Pilato que sentenciase a Jesús a morir en la Cruz.[1]



[1] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (p. 1331). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

 

 

 

Lectura Bíblica: Romanos 10:9, 10, 17

La fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Cristo

 Bienvenido al imaginario —pero divertido— Carnaval de la Fe.

 Un señor en un traje deslumbrante muestra un frasco de fango a la vez que te hace una seña para que te acerques.

—Señoras y señores, ¿sienten que su fe es débil? ¿Les resulta difícil confiar en Dios? ¿Se han preguntado alguna vez si él de veras sabe lo que es mejor para ustedes? Pues bien, sus días de dudas han pasado. Les presento las Fe–aminas, las vitaminas garantizadas para robustecer su fe.

El señor en el puesto al lado de él te ofrece un platillo de lo que parecen ramitas y corteza de árbol.

—Coman correctamente, crean correctamente, así de sencillo es. De eso se trata la Dieta que aumenta la fe. Concurran a nuestras reuniones semanales, coman nuestro menú especial de la dieta que aumenta la fe, luego vean cómo desaparecen su desconfianza e incredulidad.

Una mujer en otro puesto brinca de aquí para allá en malla de neón.

—¡Eh, acérquense! —vocifera—. Sí, usted con sus enclenques músculos de fe. Tiene gordura donde debería tener fe porque no hace ejercicio. Veinte minutos por día en mi patentado Fe–fortalecedor hará que su fe llegue a ser increíblemente fuerte.

¿Sabes qué? No podemos conseguir la fe en una botella. No podemos esconder la fe en un platillo de atún. Ni podemos dar firmeza a nuestra fe con una de esas raras máquinas de hacer ejercicio llena de telarañas que tenemos en el galpón. Fe quiere decir creer en Dios. No es simplemente tener datos bíblicos en tu cabeza sino confiarle a Dios todo en tu vida.

No podemos vivir sin confiar en Dios día tras día. “Sin fe es imposible agradar a Dios” dice Hebreos 11:6. Jesús elogiaba a los que tenían “tanta fe” (Mateo 8:10) y regañaba a los que tenían “poca fe” (Lucas 12:28). Prometió que una fe aun pequeña como una semilla de mostaza puede mover montañas (ver Mateo 17:20). Con razón los discípulos le dijeron: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5).

¡Esa es la pregunta importante! ¿Cómo logramos tener más fe? Nuestra vida espiritual sería una vida sin problemas si hubiera una píldora o un plan especial que aumentara nuestra fe. Pero la fe no se adquiere así. Por eso dice la Biblia: “La fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo” (Romanos 10:17).

Cuanto más escarbamos en la Biblia —leyendo, estudiando, memorizando— más sabemos acerca de Dios. Y cuando sabemos más acerca de Dios, ¡más seguros estaremos de que vale la pena confiarle toda nuestra vida!

 

 

 

PARA DIALOGAR: Dios te dio la Biblia para que lo puedas conocer. ¿De qué manera estás aprovechando al máximo la Palabra de Dios para llegar a conocerlo mejor?

 

 

 

PARA ORAR: Señor, ayúdanos a usar tu Palabra, la Biblia, para llegar a conocerte mejor y aumentar nuestra confianza en ti.

 

 

 

PARA HACER: Habla hoy con un amigo acerca de cómo pueden llegar a conocer mejor a Dios, juntos.[1]

 

 

 

 

 



[1] McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

 

Tres escenas relacionadas con Navidad

Artículos | Por Sugel MichelénMuchas personas suelen recrear en estos días de Navidad la escena del pesebre donde nació Jesús.

Para tales fines colocan debajo del arbolito la figura del niño Jesús con José y María, los pastores, los animales y, por supuesto, los magos que fueron a visitar al niño para llevarle presentes en actitud de adoración.

Pero ¿quiénes eran estos magos? ¿De dónde vinieron? ¿Por qué se alteró tanto el rey Herodes cuando estos hombres aparecieron en Jerusalén preguntando por el nacimiento de Cristo? ¿Eran realmente tres reyes de oriente llamados Melchor, Gaspar y Baltazar? ¿Es correcto ubicarlos en la escena del nacimiento de Cristo, postrados ante Él en el pesebre?

Pongamos a un lado todas las tradiciones que desde niños hemos escuchado acerca de esta historia y analicemos este relato tal como aparece en el evangelio de Mateo 2:1-12:

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

La palabra “mago” parece provenir de una raíz que significa “grandeza”. En los escritos de Heródoto aparece por primera vez para referirse a una tribu de los medos que llegó a desarrollar una gran habilidad en el estudio de la ciencia y, de manera particular, de la astronomía.

Más adelante el nombre “magi” comenzó a usarse para señalar a los filósofos, sacerdotes o astrónomos orientales. Estos hombres se dedicaron al estudio de la astronomía, la religión y la medicina. Muchos de ellos creían en la existencia de un solo Dios, así como en el deber de los hombres de practicar el bien y desechar el mal.

En el imperio persa llegaron a ser muy influyentes y poderosos, tanto que algunos historiadores afirman que nadie podía llegar a ser rey sin ser entrenado y coronado por los magos. En el libro de Daniel los encontramos en Babilonia junto a los sabios, los astrólogos y los adivinos del reino.

Debido a que muchos de ellos se envolvieron en las ciencias ocultas y en la adivinación, la palabra “mago” adquirió también la connotación que nosotros le damos hoy en nuestro idioma, es decir el que se dedica a la magia y al ocultismo. Pero no todos los magos eran dados a este tipo de cosas.

Con respecto a los magos de nuestra historia, es obvio que tenían conocimiento acerca de la venida del Mesías. Si vinieron de Babilonia, no podemos olvidar que los judíos estuvieron cautivos allí por 70 años, y que Daniel y sus amigos tuvieron contacto con ellos; y es muy probable que por este medio hayan adquirido conocimiento del Dios verdadero y de la esperanza mesiánica.

También en la región de los medos y los persas había muchos judíos dispersos que pudieron transmitir este conocimiento a los magos que habitaban esta región.

No sabemos cómo los magos de nuestra historia se enteraron con tanta precisión del nacimiento de Cristo; Mateo no nos brinda esa información. Pero de alguna manera Dios les hizo saber que el Mesías que por tanto tiempo esperado había nacido; así que decidieron hacer un largo y dificultoso viaje (probablemente de más de 1,600 kms), para tributarle adoración.

El hecho de que presentaran tres regalos distintos dio lugar a la leyenda de que eran tres magos. Más adelante, durante la Edad Media, se añadieron otros detalles:

Que eran reyes del oriente.
Que sus nombres eran Melchor, Gaspar y Baltasar.
Que cada uno de ellos representaba a los tres hijos de Noé.
Y que uno vino de la India, otro de Egipto y otro de Grecia.

En el siglo XII el obispo de Colonia en Alemania afirma haber encontrado sus restos. Pero lo cierto es que la Biblia no da tantos detalles. Simplemente nos dice que unos hombres pertenecientes a esta poderosa casta oriental se enteraron del nacimiento de Cristo y vinieron a adorarle.

Con respecto a la estrella que les sirvió de guía, no sabemos a ciencia cierta de qué se trataba. La palabra griega que se usa aquí señala cualquier objeto de gran brillantez. Unos piensan que se trataba de una estrella, otros hablan de una conjunción de planetas, e incluso de un cometa.

Particularmente me inclino a pensar que se trataba de la gloria de Dios, esa misma gloria que había guiado al pueblo de Israel en el desierto en forma de una columna de fuego, y que Lucas nos dice que apareció en el momento en que Cristo nació (Lc. 2:8-11).

Quizás fue esa misma luz la que vieron. Noten que el texto de Mateo no dice que la estrella los había guiado por todo el camino desde el oriente hasta Judea. Simplemente dice que ellos vieron la estrella e iniciaron el viaje. Es así como estos magos llegan a Jerusalén, y eso nos lleva de la mano a la segunda escena de nuestra historia.

Cuando los magos llegaron a la ciudad de Jerusalén, fue tal la conmoción que se generó que la noticia llegó a oído de Herodes; éste se espanta y manda a llamar a los principales sacerdotes en Israel y a los escribas para que le den más detalles de las profecías que hablaban del Cristo, para luego convocar a los magos a una reunión privada.

 Ahora, para comprender la turbación de este hombre y de toda la ciudad, es necesario que conozcamos algunos datos históricos. Herodes no era judío, sino idumeo y, por lo tanto, no estaba supuesto a ocupar el trono de Israel; en otras palabras, era un usurpador.

Cuando los romanos capturaron a Judea en el año 63 a. de C., en los días de Pompeyo, el padre de Herodes, llamado Antípater, que era un hombre muy astuto y que en ese tiempo era gobernador de Edom, aprovecha la situación para buscar el favor de los romanos.

En ese tiempo los judíos estaban atravesando por una situación interna muy difícil como nación y no podían ponerse de acuerdo entre sí; así que los romanos nombraron a Antípater procurador de Judea, y él a su vez nombró a su hijo Herodes como tetrarca de Galilea. Eso ocurrió en el año 47 a. de C.

Unos años más tarde el emperador Augusto extiende el territorio de Herodes hasta incluir toda Palestina, y es así como este hombre llega a ser rey de los judíos sin ser judío. Y, como debemos suponer, por esta misma razón tuvo que enfrentar un montón de dificultades para mantenerse en el puesto.

Tal vez para suavizar un poco la situación,

Herodes se casó con una judía llamada Mariamna quien era descendiente de la última familia que había gobernado a Israel antes de que los romanos se hicieran cargo de la situación.

Pero nunca dejó de tenerle terror a todo lo que sonara a conspiración, un problema que se fue agudizando con los años; mientras más viejo, Herodes se hacía más paranoico y más cruel.

Como la familia de su esposa había gobernado anteriormente a Israel, parece que muchos judíos albergaban la esperanza de que volvieran a reinar de nuevo, pero Herodes se encargó de ir matándolos uno por uno.

Primero mató al hermano de su esposa, luego a uno de sus tíos, luego a su abuelo, después la mató a ella y un año después a su madre; y por si eso fuera poco, finalmente mató a los tres hijos que había tenido con Mariamna, porque ellos también llevaban esa sangre.

Era tal la crueldad de este hombre que unos días antes de morir mandó a encarcelar a un grupo de los más distinguidos ciudadanos de Jerusalén, dejando órdenes expresas de que todos ellos fuesen ejecutados cuando él muriera, para asegurarse así de que al menos en Jerusalén se llorara el día de su muerte.

Ahora, imagínense lo que pudo haber pensado Herodes cuando escuchó la noticia de que un grupo de la casta de los magos había llegado del oriente preguntando dónde estaba el rey de los judíos que había nacido.

Herodes se perturbó grandemente, y toda la ciudad se perturbó también, porque sabían lo peligroso que era este hombre cuando se sentía amenazado. Es muy probable que la perturbación del pueblo no fuera por la visita de los magos, sino por temor a la reacción de Herodes.

Por experiencia sabían que esa agitación del rey podía significar sangre, como de hecho ocurrió. Herodes mandó a matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores, para asegurarse de que no se gestara ninguna conspiración en contra suya alrededor de ese niño.

Pero volviendo al curso de nuestra historia, Herodes convocó a los principales sacerdotes y a los escribas para saber más de este asunto y ellos confirmaron que el Mesías habría de nacer en Belén. Miqueas lo había profetizado unos 700 años antes.

De paso, Cristo no hubiese podido cumplir esa profecía adrede, ni muchas otras que se cumplieron a lo largo de Su vida. Nadie puede decidir ni la familia ni el lugar de su nacimiento. Cristo nació en el lugar preciso, en el tiempo preciso y en la familia precisa.

En este relato llama poderosamente la atención la reacción de los sacerdotes y los escribas; ellos escuchan lo que dicen los magos, conocen la profecía bíblica, pero aun así se muestran indiferentes.

Los magos, que tenían menos información, se movieron cientos de kilómetros para conocer a Jesús y adorarle; pero estos líderes de Israel que lo tenían ahí mismo, a la vuelta de la esquina, no hicieron absolutamente nada para verificar el hecho. Fueron totalmente indiferentes. Ni se airaron como Herodes, ni le adoraron como los magos; simplemente volvieron a sus asuntos como si nada hubiera pasado.

Pero volvamos otra vez al relato. Herodes llamó a los magos en secreto, muy probablemente para no despertar mayores sospechas y comentarios entre el pueblo, y finge interés religioso (vers. 7-8). Ya Herodes sabía dónde habría de nacer el niño, ahora quiere información para poder calcular su edad.

Pero no pregunta directamente lo que quiere saber: “¿Qué edad Uds. creen que el niño tiene ahora?” No. “¿Cuándo fue que apareció esa estrella?” Fue en base a esta información que Herodes calculó que el niño tenía para ese tiempo unos dos años de edad (vers. 16).

Así que es incorrecto ubicar a los magos en el pesebre, cuando Jesús era apenas un recién nacido. Cuando los magos llegaron a Belén, Jesús tenía unos 2 años de edad y ya vivía en una casa con sus padres (vers. 11).

Con la información que obtuvieron los magos se dirigieron a Belén en busca del Rey que había nacido; en ese momento reaparece en el cielo aquella luz brillante que habían visto en el oriente, la cual los fue guiando hasta llevarlos al lugar preciso donde podían encontrar al Señor Jesucristo. Es obvio que no se trataba de una estrella ordinaria. Esa luz brillante tenía que ir a muy baja altura para poder señalar a los magos la casa donde estaba Jesús. Probablemente se trataba de una manifestación de la gloria de Dios.

“Y al ver la estrella – dice Mateo, se regocijaron con muy grande gozo”. Literalmente el texto dice que “Se gozaron sobremanera con gran gozo”. Mateo quiere expresar que estos magos estaban rebosantes de alegría. Habían viajado cientos de kilómetros para conocer a ese Rey tan importante que había nacido.

“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (vers. 11). Noten que cuando los magos llegaron al lugar, José, María y el niño ya no estaban en el establo; habitaban en una casa, y Jesús no era un bebé recién nacido.

Pero hay otras cosas a las que deseo llamar vuestra atención. En primer lugar, que la persona central de esa escena es el niño Jesús. Mateo dice que al entrar en la casa los magos “vieron al niño con su madre María”. El foco primario de su atención fue el niño.

De hecho, siempre que Mateo menciona a Cristo con su madre en este texto los coloca en ese mismo orden (vers. 13, 14, 20, 21). Siempre el niño es mencionado primero. Él es el personaje central de esta historia.

Muy probablemente los magos compartieron muchas cosas con esta pareja de esposos que Dios había escogido para que fuesen los padres terrenales del Mesías, pero Él era la persona importante aquí.

Más aun, el texto dice que estos hombres, al ver al niño se postraron para adorarle (a Él). No a María, sino al niño. No tenemos nada en contra de la madre de Jesús, pero debemos insistir en el hecho de que sólo Dios merece ser adorado.

Ahora, traten de visualizar la escena que Mateo describe en este pasaje. Aquí tenemos a un grupo de hombres poderosos, acostumbrados a tratar con reyes y altos dignatarios orientales, postrados en adoración delante de un niño de menos de 2 años de edad, en una oscura aldea de una nación insignificante en aquellos días.

No sabemos qué tanta información tenían ellos acerca del Mesías, pero es obvio que veían en Él a un personaje de suprema importancia, y aun es posible que de alguna manera se les hubiese revelado que ese niño era el Hijo de Dios.

Noten los obsequios que le llevaron (vers. 11). No queremos ver más allá de lo que está escrito, pero muy buenos comentaristas señalan el hecho de que estos regalos fueron cuidadosamente escogidos para expresar ciertas cosas.

El oro era el regalo apropiado para un Rey.

El incienso se usaba comúnmente en la adoración a Dios.

Y la mirra tenía varios usos, pero casi todos conectados con el servicio a los hombres: se usaba como perfume, también se mezclaba con vino para que actuara como un anestésico y para embalsamar a los muertos.

Así que estos regalos que los magos llevaron a Jesús podían tener cada uno de ellos un significado especial: el oro para resaltar que el niño era un Rey, el incienso para señalar que era Dios, y la mirra para señalar que era un Hombre. No podemos ser dogmáticos al respecto, pero Dios pudo haber movido a estos magos a regalar estas cosas específicas, aún si ellos mismos no entendían del todo las implicaciones de estos regalos.

Pero queda el testimonio del gran honor que estos hombres rindieron a Jesús: viajaron más de 1,600 kilómetros para conocerle, se postraron para adorarle cuando apenas era un niño, y los obsequios que le llevaron eran dignos, y eso sí podemos decirlo con certeza, de un personaje de suprema importancia. La adoración que los magos le rindieron estaba totalmente justificada.

La historia concluye cuando los magos son avisados por Dios en un sueño que no volvieran a Herodes, sino que tomaran otra ruta para volver a su nación (vers. 12).

He aquí la historia de estos magos de oriente que visitaron al Señor Jesucristo en Su infancia, y la reacción que suscitó en cada uno de los personajes que participaron en este evento. Ahora solo me resta preguntarte, ¿cómo reaccionarás tu ante el hecho de que el Hijo de Dios se hizo Hombre?

En este pasaje encontramos las respuestas típicas de los hombres cuando son enfrentados con la Persona de Cristo: Herodes quiso destruirlo, los escribas fueron indiferentes, y los magos le adoraron. ¿Cuál de esos ejemplos te describe a ti?

Seguramente nadie querría identificarse abiertamente con el rey Herodes, pero lo cierto es que este hombre reaccionó como la mayoría de los hombres reacciona cuando se les predica el evangelio y se les presenta a Cristo como el Señor y el Salvador.

¿Por qué Herodes quiso destruir a Jesús? Porque su trono peligraba, porque quería seguir siendo rey. Y ese es el mismo problema que tienen los hombres con Cristo. Nadie se molesta con el Cristo amante que hacía milagros, sanaba enfermedades y daba de comer a los pobres. El Cristo que molesta a los pecadores es Aquel que se presenta como Rey y Señor. Como Aquel que tiene derecho pleno sobre nuestra vida.

La razón por la que mucha gente rechaza el evangelio es porque quieren seguir teniendo control de sí mismos. No quieren ni pensar que el “Yo” sea destronado para dar lugar a otro Rey, ni siquiera al Hijo de Dios.

En la parábola de las diez minas que aparece en Lc. 19, Cristo pone en la boca de aquellos que le rechazan las siguientes palabras: “No queremos que este reine sobre nosotros”.

He ahí la esencia del problema. Los pecadores quieren seguir reinando sobre sus propias vidas, igual que Herodes, y es ese deseo el que los mantiene alejados de Aquel que es la fuente de todo bien, Aquel que vino para que tengamos vida y vida en abundancia. ¿Es ese tu caso?

¿O serás como los escribas y sacerdotes de Israel? Escucharon hablar de Cristo y ni siquiera se interesaron, no mostraron interés alguno en verificar la historia. “Prefiero no pensar en eso”, dicen muchos. El problema es que algún día te presentarás delante de ese Rey y tendrás que dar cuenta por tu indiferencia. Si el Hijo de Dios se encarnó tiene que haber sido por algo muy importante.

Y es que no había otra forma de salvar a los pecadores. Alguien tenía que pagar el precio, Alguien tenía que morir por nuestros pecados, Alguien que no tuviese ninguna deuda pendientes que pagar por Sí mismo, sino que fuese santo y sin mancha.

Para eso se encarnó el Hijo de Dios, porque solo Él llenaba el requisito. El murió siendo inocente para que pecadores culpables pudiesen ser absueltos. Y hoy ofrece salvación perfecta y gratuita para todo aquel que cree. Ese es el mensaje que el evangelio anuncia: que la justicia perfecta de Cristo está disponible por medio de la fe para nosotros que no tenemos justicia alguna.

Tratar ese mensaje con indiferencia no es otra cosa que un aborrecimiento pasivo hacia la persona del Hijo de Dios. Nadie puede permanecer neutral ante la persona de Cristo. Él mismo dijo en cierta ocasión: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge desparrama” (Mt. 12:30).

Nadie puede serle indiferente. O estás en el grupo de los que le aman o en el grupo de aquellos que le aborrecen. Quiera Dios que en aquel día no seas hallado en compañía de los enemigos del Rey de reyes y Señor de señores, porque lamentarás eternamente haber nacido.

Ojalá que muchos de los que leen estas líneas adquieran la sabiduría de estos magos de oriente; la poca información que tenían fue suficiente para postrarse ante el Hijo de Dios y adorarle. ¿Será ese tu caso? Seguramente tienes más información que la que tenían estos magos. En el día del juicio estos hombres agravarán la condenación de muchos que con más conocimiento no hicieron lo que ellos hicieron.

Si aún no eres creyente, no sigas despreciando el don de amor que Él ofrece libremente a los pecadores: salvación perfecta y gratuita por medio de la fe.

 

 

Artículos | Por Tony Segar

Bajado de Logos 6

 ¿Te has preguntado alguna vez por qué tienes dificultades como cristiano? Te convertirse a Cristo pensando que te iría chévere, que Cristo a tu lado, ahora está de tu lado, garantía de un éxito en todo lo que emprendieras. Pero no ha sido así. Cuando te ha ido “de la patada”, sientes que eres objeto de la mala suerte, más que sujeto de la bendición.

En la vida cristiana, las aflicciones no son un accidente del destino, no es el azar lo que controla tu vida sino la providencia de Dios. Uno de los libros de la Biblia más empapados de lágrimas aclara: ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? (Lam 3:37).

Antes de preguntar “porqué”, Dios quiere que nos preguntemos “para qué”. Porque tanto es verdad que nada nos viene por azar como que nada de lo que nos viene es en vano. Dios tiene un mínimo de cuatro grandes propósitos por las que permite que seamos afligidos.

El primer propósito de las aflicciones es formativo. El mismo Dios que gestó el nuevo nacimiento desarrolla madurez. El tierno asombro que produce ver a un recién nacido se torna a intensa preocupación en cuanto el doctor dice que el niño no está creciendo. Dios no tiene ningún hijo que sea enano y una de las formas en que nos enseña madurez es cursando en la escuela del dolor.

Ni aún Cristo fue exento de esta escuela. Aunque era impecable, En Hebreos 5:7-10 afirma que por al dolor que pasó aprendió obediencia. No fue madurar de desobediencia a obediencia, sino de pequeños actos de obediencia al gran acto de obediencia que lo llevó a la cruz. El dolor que sientes hoy, está potenciando para mañana una obediencia que no podrá pasar desapercibida en este mundo.

Si el primer propósito de las pruebas es formativo, el segundo es correctivo. La Biblia afirma que Dios al que ama disciplina. El buen pastor usa del cayado para ayudarnos, pero igualmente de la vara para evitar desvíos terrenales que pueden terminar en calamidad eterna.

Dios nos redimió para ser salvos e igualmente para ser hijos adoptivos. La vara de corrección duele, pero conforta; confiere a nuestro corazón la confianza de no ser bastardos desatendidos, sino hijos del rey, quienes han de conducirse conforme al decoro de la familia real. Además, como el niño con llantitas auxiliares en su bicicleta se siente seguro que evitará la caída, así  la disciplina infunde la confianza de que la caída fatal será prevenida por una fuerza mayor a nuestro esfuerzo personal.

“En medio del dolor, proponte el día de hoy a alabar a Dios tanto por la caricia suave como por la áspera disciplina, pues en ambas se escucha el latido del amor paternal.”

Hasta ahora has aprendido que las pruebas tienen un propósito formativo y correctivo. El tercer propósito es preparativo. Las herramientas usadas por Dios se fraguan en el fuego de la prueba. La lista no es corta. José por años sufrió perplejidades antes de ser exaltado líder sobre Egipto. Moisés fue desterrado como vagabundo por 40 años en el desierto antes de ser líder sobre Israel. David fue perseguido 8 años por los celos incontenibles de Saúl antes de sentarse en el trono en Hebrón.

Pablo mismo ilustra esta verdad en su propia vida (2 Corintios 1.3-7). Consideró que las severas pruebas que le sobrevinieron en Asia no eran una molestia por sacudirse, sino dosis de empatía a su corazón por los que sufren. Es más fácil reír con los que rían, que llorar con los que lloran; y más natural compadecernos con ellos cuando somos compañeros de toda suerte de pruebas.

¿Podrá ser que hoy Dios ponga a alguien en tu camino cuyo alivio se encuentre en la cosecha de la sabiduría fraguada en tu aflicción?

Hay aún otro importante propósito desapercibido por muchos.  Además de formación, corrección y preparación; las aflicciones confieren prevención. Previene episodios de enaltecimiento exorbitantes.

¡Increíble pero cierto! Nuestro susceptible corazón es influenciado por las tentaciones y también por las bendiciones. Las tentaciones lo desvían, las bendiciones lo hinchan de vanidad. Las aflicciones son vacunas anti-inflamatorias para prevenir este problema cardiaco.

No pienses que esta prevención está reservada para principiantes, neófitos de la fe u hombres de doble ánimo. El gran Apóstol Pablo mismo requirió prevención. Le fue dado un aguijón en la carne para prevenir que los aires del tercer cielo provocasen alucinaciones apoteósicas (2 Corintios 12.7-9). Un aguijón en la carne le fue dado para prevenir la vanidad, no para corregirla. Fue un acto de previsión divina, no de remedio.

Hay pruebas fastidiosas que anhelamos despojar de nuestra vida. Antes de pedir a Dios que las remueva, debemos de considerar en qué nos convertiríamos si Él concede nuestra petición. Pues como Dios hirió a Jacob para poderlo bendecir, así debe haber heridas medicinales que llevamos que nos permiten disfrutar de las bendiciones de Dios con sobriedad.

Sería imposible agotar todos los propósitos de las pruebas en el cristiano. Santiago se refiere a las aflicciones como “diversas pruebas”, –multicolores en el original. Diversos matices aflictivos generan diversos propósitos que conjuntamente forman la imagen de Cristo en nosotros. Tengamos pues por sumo gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas sabiendo que ninguna de ellas son producidas por el azar ni resultan infructuosas.

 

EL GRAN MANDAMIENTO Deut. 6:4-9

El resto de esta sección del segundo mensaje expone la verdad central del libro: Ya que Jehová era su Dios y que él es el único soberano del universo, tenían que adorarle y servirle exclusivamente, sin caer en la abominación de la idolatría.

Bien se ha dicho que estos capítulos son una exposición detallada de los primeros dos mandamientos del decálogo. Lo más importante era la entrega total a la adoración de Jehová.

Su declaración 6:4–5

Estos dos textos son de los más importantes para el judío. Contienen una expresión positiva de los primeros dos mandamientos que se encuentran en forma negativa. El mensaje de ambas porciones es igual. Sólo Jehová merecía toda la adoración de su pueblo. Esta declaración consiste en dos elementos.

La confesión v. 4. Esta es la expresión más concisa de la esencia de la fe israelita. “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. La primera frase enfoca el hecho de que Israel había entrado en pacto con el Señor y por eso podía confesar que era su Dios. Expresa la confianza del pueblo de que tenía una relación única con el Omnipotente. La segunda frase es más difícil de interpretar.

El hebreo puede traducirse en dos formas, ambas legítimas. La primera se refleja en la versión de 1960, “Jehová uno es”, y hace hincapié en la unidad del carácter divino. El es uno e indivisible. La segunda se nota en la Versión Popular, “es el único Señor.”. Esta traducción enfatiza la singularidad de Jehová. El es el único Dios vivo y verdadero que ha concertado pacto con su pueblo.

Ambas maneras de verter el texto son aceptables, pero ¿cuál es la mejor? Tomando en cuenta el contexto, creo que la segunda es la que cuadra mejor. El énfasis está en la exclusividad. Israel confiesa que solamente Jehová es su Dios. No hay otro. Es una confesión que excluye totalmente la idolatría y toda competencia entre Jehová y las deidades falsas. Es la expresión positiva de la verdad que se expresa negativamente en 4:35, 39; 5:7 y 6:13–15.

 

“EL SEÑOR NUESTRO DIOS

ES EL ÚNICO SEÑOR”

(Deuteronomio 6:4, Versión Popular)

 

La conclusión v. 5. Considerando que Jehová era el único Dios de Israel, ¿cómo debía tratarle el pueblo? Sólo hay una contestación lógica a esta pregunta: darle el lugar preeminente en su vida. El hijo de Dios debía estar totalmente entregado (corazón, alma y fuerzas) a él. No podía haber rival alguno. El había de ser el único objeto de adoración, lealtad y amor de Israel y también de nosotros. Esta es la única conclusión válida que podemos sacar de esta confesión. El es absolutamente soberano, y por eso, debo someterme totalmente a él. No hay otra alternativa.

¡PENSEMOS!

 

Nuestro Dios es el mismo que se encuentra en el “shema”. En aquel tiempo no toleraba rivales y tampoco lo hace hoy. Haga una lista por escrito de las cosas que tienden a competir con el Señor por su lealtad. ¿Alguna de ellas se encuentra en su vida? Si su respuesta es afirmativa, aplique 1 Juan 1:9 al caso.

 

Su centralidad 6:6–9

El gran mandamiento, expresado en los versículos 4–5, debía ocupar el lugar central de la vida de toda israelita. “Estas palabras” (las de vv. 4–5) habían de ser memorizadas (v. 6b), enseñadas a los hijos (v. 7a), proclamadas en toda situación y a toda hora (v. 7b) y recordadas concretamente (vv. 8–9). Todos los medios se usarían para asegurar que el pueblo no se olvidara del hecho de la exclusividad de Jehová y el deber de amarlo sobre todas las cosas.

El contenido de los versículos 4–9 se conocen como el shema. En él se encierra la médula de la fe de Israel. A diario, en las oraciones matutinas, los judíos rezan esta porción y le han agregado otros trozos selectos. No pueden escaparse de la verdad que sólo existe un Dios y que ese es el suyo.

Un peligro 6:10–19

El Señor reconocía que, a pesar de todas las medidas tomadas en los versículos 6–9, existía la posibilidad de que su pueblo olvidara todo lo que él había hecho por ellos. La perspectiva era la de Israel habitando en la tierra que no merecían, pero que habían recibido de pura gracia. Fíjese en el énfasis de lo que no habían hecho (v. 10–11). Moisés hizo hincapié en tres obras que los israelitas jamás debían olvidar: el juramento hecho por Dios a los patriarcas (v. 10b), la redención del pueblo de la esclavitud en Egipto (v. 12), y la conquista de la tierra prometida (vv. 10a, c,11). La gracia del Señor se había manifestado gloriosamente entre los suyos y no debían olvidarlo.

Si no se acordaban constantemente de estos hechos, sería muy fácil incurrir en pecados bastante nefastos. Son cuatro los resultados negativos del olvido.

1. Perder el temor de Jehová (v. 13a).

2. Dejar de adorarlo en forma exclusiva (vv. 13b–15). El es celoso y no tolera rivales. Siempre protege lo que le pertenece, la soberanía. El no puede compartir la gloria con otro.

3. Tentarle poniendo condiciones antes de hacer su voluntad (v. 16). Uno tienta al Rey Soberano cuando dice, “Si tú …, entonces yo …”

4. No obedecerle (vv. 17–19). Si no eran obedientes, jamás entrarían en la tierra.

Su transmisión 6:20–25

Era necesario que el contenido del shema, el gran mandamiento, se transmitiera de generación en generación. ¿Qué metodología debía usarse para lograr esta meta?

Los padres tenían la responsabilidad de enseñar a sus hijos en el momento en que estos, siendo vencidos por la curiosidad, solicitaran una explicación. La situación no debía forzarse, sino ser natural. La pregunta de los hijos se registra en el versículo 20 y la respuesta en 21–25. Los padres no sólo repetían el shema, sino que debían agregar una explicación.

La contestación contenía tres elementos: (1) Lo que el Señor hizo, enfatizando la esclavitud en Egipto (v. 21a), el éxodo (vv. 21b–23a), y la introducción a la tierra (v. 23b). (2) Lo que hizo es la base para lo que él mandó (v. 24a). Jehová ordenó dos cosas: la obediencia y el temor. (3) Al que guardara estos mandamientos, Jehová prometió el bienestar (v. 24b) y la justicia (v. 25).

¡PENSEMOS!

 

El método divino no ha cambiado. Su deseo es que los padres transmitan la fe a sus hijos. La instrucción neotestamentaria se encuentra en Efesios 6:4. El varón, cabeza del hogar, tiene la responsabilidad ineludible de enseñar verdades espirituales a su prole. Padres, ¿cumplen con su deber?

 

No hay duda de que Moisés trataba de exponer las enseñanzas más importantes para el pueblo antes de que cruzara el Jordán.

4

El pueblo escogido

Deuteronomio 7:1–8:20

El gran mandamiento tenía tanta importancia para los israelitas, que cuando entraran a la tierra prometida tendrían que tomar medidas muy severas para protegerlo y evitar que cayeran en la idolatría. El cumplimiento de esta responsabilidad era de suma importancia para la continuidad de la nación. Si la descuidaban, pondrían en peligro su existencia. Así que Moisés continuó su discurso animando al pueblo escogido a cumplir su tarea de protección.

COMISIONADOS PARA DESTRUIR 7:1–11

Son dos las preguntas que se contestan acerca de proteger la santidad del gran mandamiento

¿Cómo se iba a proteger? 7:1–5

Por medio de la guerra santa. Jehová encabezaría al ejército israelita en la conquista y destrucción de los cananeos, ya que solamente erradicándolos se podría garantizar la continuación de la adoración exclusiva a Jehová por el pueblo escogido. La eliminación de la cultura impía era absolutamente necesaria.

La parte divina vv. 1–2a. Jehová, como poderoso guerrero, se comprometió a hacer tres cosas: introducir al pueblo en la tierra (v. 1a), echar a las naciones paganas de delante de ellos (v. 1b), y entregarlas en sus manos (v. 2a). Esta victoria divina era la base de las acciones humanas.

La parte humana vv. 2b–3, 5. Israel tenía que atacar a las naciones y derrotarlas (v. 2b) en batalla. Fíjese bien en la coordinación perfecta entre la actividad divina y la humana. Pero ganar la victoria sobre ellas no era suficiente. Se les mandó destruirlas totalmente. No debían dejar rastro de su civilización. El asolamiento afectaría su pertenencias (v. 2c), pero especialmente todo lo que se relacionaba con su culto pagano (v. 5; 12:2–3). El Dios soberano no toleraría rivales en su tierra. Además, no debían tener relación alguna con los sobrevivientes (v. 2d–3).

Esta instrucción revela que el Señor omnisciente sabía que no iban a cumplir con esta comisión. El mandato era que destruyeran todo, que no dejaran a nadie con vida. El Antiguo Testamento es el relato de las consecuencias de la desobediencia a este mandamiento.

¿Por qué se debía proteger? 7:4, 6–11

Los versículos 4 y 6 comienzan con la palabra “porque” y dan las razones por las cuales los israelitas debían proteger el gran mandamiento por medio de una destrucción total

Por el peligro de la contaminación v. 4. Todos sabemos que lo malo se contagia. El Señor sabía que si no se efectuaba la destrucción total, el pueblo se expondría a la contaminación de la perversidad de los cananeos paganos. Jehová no quería que estos desviaran (v. 4) o sirvieran de tropiezo (v. 16) a los suyos. Si los israelitas seguían el ejemplo perverso, también sufrirían la destrucción (v. 4; 8:19–20).

Son tres las esferas en que se podrían corromper.

1. La idolatría (vv. 4–5; 20:18). Este era el peligro más grande. Si su culto no se erradicaba sin dejar vestigio, el pueblo de Israel quedaría expuesto a seguir en pos de dioses ajenos y violar así los dos primeros mandamientos y el gran mandamiento. La historia nos enseña que esto es exactamente lo que pasó.

2. La impiedad (9:4–5). Moisés hace muy patente que las naciones iban a ser eliminadas por su impiedad. Los descubrimientos arqueológicos han comprobado que los cananeos eran de los más perversos del mundo de aquel entonces. Su gran inmoralidad los llevó a practicar la prostitución religiosa y el sacrificio infantil. El Santísimo no quería que su pueblo se contaminara con esta suciedad.

3. El ocultismo (18:12). Las naciones practicaban todo tipo de ocultismo. Eran expertos en magia blanca y negra. En vez de consultar al Señor, buscaban controlar las cosas por medio de artes mágicas. Todo esto estaba terminantemente prohibido para el pueblo de Israel.

Estas naciones idólatras, impías y dadas al ocultismo, bien merecían ser destruidas totalmente.

¡PENSEMOS!

 

Tal vez nosotros nos sintamos ofendidos al pensar en que el Dios de amor mandara la eliminación de esos pueblos, pero esto sólo sucede cuando nos olvidamos de la santidad y justicia de él. Recuerde siempre que el Señor siempre hace lo correcto.

 

Por la posición de Israel vv. 4, 6–11. En el primer capítulo vimos que esta porción es el texto clave de todo el libro. Ella describe la relación especial que Israel tenía con Jehová. Al fin y al cabo era el único pueblo que confesaba: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (6:4).[1]

 



[1] Lloyd, R. (1994). Estudios Bı́blicos ELA: Al este de la frontera (Deuteronomio) (pp. 37–46). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

 

Léela y vuelve a leerla

 Lectura bíblica: Salmo 119:89–96

 Para siempre, oh Jehovah, permanece tu palabra en los cielos. Salmo 119:89

 Emilia pasó al frente del aula. Respiró hondo, carraspeó y se acomodó los lentes sobre la nariz. Luego levantó la hoja con el resultado de su investigación para leerlo, de la forma que su maestra le había mostrado.

—Mi investigación —dijo— es sobre los rinocerontes. Y comenzó a leer:

—Los rinocerontes tienen un pescuezo largo para poder comer las hojas de la copa de los árboles. Tienen un pico como el pato y una bolsa para cargar su cría, patas pequeñas para correr a toda velocidad y manchas para poder esconderse en la selva. También tienen agallas para respirar debajo del agua y una garganta y alas grandes para poder volar en picada y agarrar peces para comer.

Uno no puede creer todo lo que escucha en un informe escolar. Si la tarea de Emilia era crear un animal imaginario cómico, dio en el blanco. Pero si su tarea era dar a sus compañeros una descripción acertada del rinoceronte, erró por mucho.

No es difícil encontrar errores en las tareas escolares. Y después de que tu maestra te llama la atención a tus errores y tomaste nota de ellos, es probable que arrojes la hoja en el cesto de papeles en el fondo del aula.

Pero la Biblia es distinta. Su mensaje durará para siempre. Ya existía antes de que apareciéramos nosotros y seguirá existiendo después de nuestra muerte ¿Por qué? Porque Dios la inspiró. Es la Palabra de Dios.

La Biblia no sólo fue escrita para durar para siempre, sino que también no tiene ni un error. Podemos apostar nuestra vida sobre su exactitud y recurrir a ella cuando queremos recibir orientación e inspiración libres de errores. Henrietta Mears escribió: “La Biblia es un relato, es una revelación que debe ser leída hasta terminar de leerla, de la misma forma como comenzamos y seguimos hasta el final otros libros. No juegues con la Biblia… Convéncete de que cada uno de sus libros tiene un mensaje importante, y léela y vuelve a leerla hasta que descubras cuál es ese mensaje”*.

Dios nos da la Biblia como nuestra guía digna de absoluta confianza para la vida. Es perfecta, así que podemos confiar en que su Palabra es perfecta. Cada vez que abrimos nuestra Biblia para leerla, encontramos un mensaje que Dios tiene para nosotros. Lo que nos muestra con amor es completamente cierto.

* Henrietta C. Mears, What the Bible Is All About (De qué trata la Biblia) (Ventura, California: Regal Books, 1966), p. 10.

PARA DIALOGAR: ¿Por qué lees la Biblia? ¿Qué estás buscando? ¿De qué manera te ha ayudado la Biblia a confiar en Dios?

PARA ORAR: Señor, ansiamos conocerte mejor cada vez que leemos tu Palabra. Gracias porque tu Palabra es digna de confianza y verdadera.

PARA HACER: Demuestra tu interés en la Biblia dedicando hoy un momento para leerla por ti mismo.

 

 

 

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

 

Como puedes medir la verdad

Lectura bíblica: 2 Tesalonicenses 2:13–17

                                                                         

Pero nosotros debemos dar gracias a Dios siempre por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y fe en la verdad. 2 Tesalonicenses 2:13 

 

Un ladrón se acerca apurado a la ventanilla de un banco.

—Ponga el dinero en la bolsa, señorita —gruñe.

—Imposible —dice la cajera—. La gente pone su dinero en el banco para que esté seguro.

—Quiero el dinero —insiste él—. ¡Démelo inmediatamente!

—Pero, ¿por qué se lo voy a dar a usted?

—He decidido que puedo determinar por mí mismo el bien y el mal. He llegado a la conclusión que es realmente algo muy bueno robarle el dinero a los bancos.

—Bueno, si ese es el caso, ¿por qué no lo dijo antes? Usted lo ha reflexionado y ha determinado por sí mismo el bien y el mal. Qué notable.

La cajera llama a los guardias:

—Francisco, Carlos, ¿pueden hacer el favor de ayudar a este hombre a cargar el dinero en su auto?

Y luego la empleada se dirige a los clientes del banco.

—Amigos, quiero presentarles al Señor… ummmm… ¿cómo dijo que se llama?

—Fulano —él tartamudea—. Fulano de Tal.

—Fulano de Tal estará vaciando nuestras cajas fuertes hoy. ¡Démosle un gran aplauso!

No guardarías tu dinero en un banco que deja que alguno entre y demande tu dinero por la simple razón que se cree que es correcto hacerlo. Pero créase o no, ¡algunos piensan que ese es el modo de determinar lo que es bueno y lo que es malo!

Los cristianos creen que conocen las reglas correctas, reglas que se aplican a todos. No obstante, no basta con que los cristianos digan: “Sabemos las reglas bajo las cuales todos deben vivir”. Necesitamos comprender de dónde proceden estas reglas y por qué son realmente las mejores.

Podemos estar seguros de la diferencia entre lo bueno y lo malo porque las reglas que gobiernan el universo proceden de una sola fuente: Dios. Y son perfectas porque él es perfecto. Dios es tan recto, tan justo, tan veraz que sólo él establece las normas del bien y del mal, de la justicia e injusticia, y de la verdad y la mentira.

Sabemos que el amor es bueno y el odio es malo porque Dios es amor. La honestidad es buena y la mentira es mala porque Dios es honesto. La pureza es moral y la impureza es inmoral porque Dios es puro.

Lo que Dios nos dice acerca de lo bueno y lo malo es absoluto: se aplica a todas las personas, en todos los tiempos y en todos los lugares. Nos ama demasiado como para mandarnos hacer algo que no sea lo mejor.

 

PARA DIALOGAR: ¿Por qué es la norma de Dios acerca del bien y del mal la que debes seguir? ¿Cómo se lo explicarías a un amigo?

PARA ORAR: Señor, el mundo nos da toda clase de normas para juzgar las acciones y las ideas. Sabemos que tú eres el juez perfecto de lo que es bueno y correcto.

 

PARA HACER: Fíjate hoy en las maneras como la gente descarta las reglas de Dios acerca del bien y el mal. ¿Qué podrías decir para cambiar su manera de pensar?

 

 

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

                    Superior a los Ángeles 

                                  (Wiersbe, W. W.) 

Hebreos 1:4–2:18

Los ángeles eran muy importantes en la religión judía, principalmente porque miles de ellos intervinieron en la entrega de la ley en el monte Sinaí. Este hecho se afirma en Deuteronomio 33:2 (donde “santos” significa ángeles),

y también en Salmo 68:17 (antigua versión); Hechos 7:53; y Gálatas 3:19. Puesto que el tema de Hebreos es que Cristo y su salvación son superiores a la ley de Moisés, era necesario que el escritor tratara el importante tema de los ángeles.

Esta larga sección sobre los ángeles se divide en tres partes. Primero, hay una afirmación (Hebreos 1:4–14) de la superioridad de Cristo sobre los ángeles. La prueba presentada consiste en siete citas del Antiguo Testamento. Segundo, hay una exhortación (2:1–4) a que los lectores, incluyéndonos a nosotros, pongamos mucha atención a la Palabra de Dios dada por medio de su Hijo. Finalmente, hay una explicación (2:5–18) acerca de cómo Cristo, teniendo un cuerpo humano, pudo ser superior a los ángeles, quienes son espíritus.

Afirmación: Cristo es superior a los ángeles (Hebreos 1:4–14)

Esta sección comprende siete citas del Antiguo Testamento, las cuales demuestran la superioridad de Cristo sobre los ángeles. Los eruditos nos dicen que el escritor citó la Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento. (La palabra septuaginta es una palabra de origen griego que significa “70”. La tradición dice que 70 hombres tradujeron el Antiguo Testamento del hebreo al griego. La abreviatura para la septuaginta es LXX, el número 70 en números romanos.) Sin embargo, el mismo Espíritu Santo que inspiró las Escrituras tiene el derecho de citar y volver a afirmar la verdad como a él le plazca.

Notemos las afirmaciones hechas acerca de nuestro Señor Jesucristo, y las citas que las apoyan.

Cristo es el Hijo de Dios (1:4–5). El “más excelente nombre” que Jesús posee es Hijo. Aunque los ángeles en conjunto pueden ser llamados “los hijos de Dios” (Job 1:6), a ningún ángel se le daría este título individualmente; pues pertenece únicamente a nuestro Señor Jesucristo. La primera cita es del Salmo 2:7; “Mi hijo eres tú, Yo te engendré hoy”. Pablo indica el tiempo en que fue engendrado: La resurrección de Jesucristo (Hechos 13:33). Desde la eternidad, Jesucristo era Dios el Hijo. Se humilló a sí mismo y se hizo hombre (ve Filipenses 2:5–6). Sin embargo, en su resurrección, glorificó esa humanidad recibida del Padre y recibió otra vez la gloria eterna que había puesto a un lado (Juan 17:1, 5). La resurrección declara: “¡Jesús es el Hijo de Dios!” (Romanos 1:4).

La segunda cita es de 2 Samuel 7:14. En la experiencia de David se refería a su hijo Salomón, a quien Dios amaría y disciplinaría como a un hijo. Esta es la aplicación inmediata (ve Salmo 89:27). Pero también se refería a Jesucristo, el que es “más que Salomón”. Esta es la aplicación final (Mateo 12:42).

Cristo es el primogénito que recibe adoración (1:6). El término “primogénito” en la Biblia no siempre significa nacido primero. Dios hizo a Salomón el primogénito (Salmo 89:27) aunque es el décimo en la lista de la genealogía oficial (1 Crónicas 3:1–5). El título es de honor y rango, porque el primogénito recibe la herencia y la bendición especial. Cristo es “el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15) porque creó todas las cosas; y él es “el primogénito de entre los muertos” (Colosenses 1:18). Cuando vino al mundo, los ángeles lo adoraron (citado de Deuteronomio 32:43 en la LXX—“Cielos, regocijaos con él; que los hijos de Dios le rindan homenaje”). Dios les ordenó que lo hicieran, lo cual prueba que Jesucristo es Dios; porque ninguno de los ángeles de Dios adoraría a una criatura.

Cristo es servido por los ángeles (1:7). Esta es una cita del Salmo 104:4. Las palabras hebrea y griega para espíritu a veces se traducen: “viento”. Los ángeles fueron creados como espíritus; no tienen cuerpo, aunque pueden tomar forma humana cuando ministran en la tierra. Los ángeles sirvieron al Señor en varias ocasiones cuando él estuvo en la tierra (Mateo 4:11; Lucas 22:43), y ahora le sirven a él, y así también a nosotros.

Cristo es Dios entronizado y ungido (1:8–9). En algunas sectas falsas la cita del Salmo 45:6, 7 se traduce: “Tu trono divino…” porque a ellos no les gusta esta fuerte afirmación de que Jesucristo es Dios. Pero la traducción que debe permanecer es: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo…” Los ángeles ministran delante del trono; no se sientan en el trono. Una de las principales enseñanzas del Salmo 110 es que Jesucristo, el ungido de Dios (Mesías, Cristo), está ahora sentado en el trono en la gloria. Jesús mismo se refirió a este importante Salmo (Marcos 12:35–37 y 14:62), y Pedro lo usó en el día de Pentecostés (Hechos 2:34–36). Nuestro Señor aún no ha establecido su reino terrenal, pero ya se ha sentado en el trono en la gloria (Efesios 1:20).

Cuando Cristo ascendió y entró en la gloria celestial, fue ungido para su ministerio celestial con “óleo de alegría” (Hebreos 1:9). Es probable que esto se refiera al Salmo 16:11, al cual Pedro hizo referencia en el día de Pentecostés: “Me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:28). ¡Qué escena tan gozosa debe haber sido! El Salmo 45 es un salmo de bodas, y hoy nuestro Señor es el esposo celestial que experimenta “el gozo puesto delante de él” (Hebreos 12:2). Los ángeles lo alaban, pero no pueden participar de esa posición o de ese gozo. El trono de nuestro Señor es para siempre, lo que significa que él es el eterno Dios.

Cristo es el creador eterno (1:10–12). Esta larga cita es del Salmo 102:25–27. Los ángeles no fundaron la tierra, ya que ellos mismos son parte de la creación. Jesucristo es el Creador, y un día va a quitar la antigua creación y traerá una nueva. Todo cambia alrededor de nosotros, pero él nunca cambiará, puesto que él es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). La creación es como una vieja vestidura que un día será descartada para que ocupe su lugar una nueva.

Cristo es el soberano; los ángeles son los siervos (1:13–14). Otra vez el escritor cita el Salmo 110:1. El hecho de que Jesucristo está ahora a la diestra del Padre (el lugar de honor) se menciona varias veces en el Nuevo Testamento (ve Mateo 22:43–44 y 26:64; Marcos 16:19; Hechos 2:33–34; Romanos 8:34; Colosenses 3:1; Hebreos 1:3, 13; 8:1; 10:12; 12:2; 1 Pedro 3:22). Los ángeles son espíritus que sirven al Señor quien está sentado en su trono, pero también nos ministran a nosotros que somos “herederos de la salvación” por la fe en Cristo. Hoy los ángeles nos sirven a nosotros.

Sería imposible hacer a un lado toda la evidencia presentada en estas citas. Jesucristo es superior a los ángeles, y esto quiere decir que él es mayor que la ley que fue entregada a Israel por medio de ellos.[1]

 



[1] Wiersbe, W. W. (2003). Confiados en Cristo: Estudio Expositivo de la Epístola a los Hebreos (pp. 16–20). Sebring, FL: Editorial Bautista Independiente.

 
EFESIOS, LA EPÍSTOLA DE LA IGLESIA Y LA CRUZ (30) Dr. G. Ernesto Johnson, Seminario Bíblico Río Grande (ver sitio)
La iglesia en guerra con las huestes malignas, Repaso del Antiguo Testamento – Efesios 6:10-17

 Pablo se acerca  ya al fin de Efesios que ha exaltado la gracia triunfante de Dios. Desde el principio la gracia triunfó en escogernos a ser santos y sin mancha desde antes de la fundación del mundo. No pudo haber habido ni mérito ni buenas obras nuestras (1:4).

Además, aunque muertos nosotros en delitos y pecados, nos dio vida, nos resucitó, nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo para mostrar las abundantes riquezas de su gracia (vv. 5-8).

Por encina de todo esto, Dios creó en sí mismo el misterio de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Esto era Su obra mayor: “Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres  . . . que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (3:5,6).

Para Pablo, la maravilla de la gracia era que Dios hiciese a un antiguo fariseo el Apóstol a los gentiles para declarar la multiforme sabiduría ante los principados y potestades en los lugares celestiales (3:7,10). Luego habiendo constituido la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, les dio apóstoles, profetas, evangelistas, maestros/pastores para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio (4:12,13). La gracia de Dios les enseñó a vivir una vida santa y aun transformada toda relación humana para la gloria de Dios (Efesios 4:17- 6:9).

Ya listo para terminar Pablo la epístola bajo la inspiración del Espíritu Santo, le queda una realidad hostil que enfrentar.  Esta iglesia, el Cuerpo de Cristo, sirve a Dios en un mundo muy enemigo respaldado por el “dios de este sigo”. Se encuentra en una guerra espiritual. Pero otra vez la gracia triunfará. Solo tienen que tomar toda la armadura  de Dios y quedar firmes y fuertes en la victoria de la Cruz.  Allí Dios “despojó a los principados y las potestades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos la cruz” (Colosenses 2:15).

El mismo mundo maligno del Antiguo Testamento

A veces hay la tendencia de separar los dos testamentos inspirados por Dios. Hay avance y diferencias entre los dos, pero hay mucho más que los une: el mismo Dios Trino, la misma gracia y la misma fue en el Mesías que iba a venir. Solo hay la misma salvación, no una anterior e inferior y otra más tarde y superior.  Esta salvación “por gracia por medio dela fe” es una sola cosa (Efesios 2:8). En el Antiguo Testamento miraba para delante a aquel que vendría, hacia la Cruz y en el Nuevo miramos atrás hacia la Cruz, la obra consumada de Cristo.

En la ley Dios definió el pecado en preparación para la encarnación y obra salvífica de Cristo. “Entonces, ¿ para qué sirve la ley?  Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa . . . Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes”  (Gálatas 3: 19).

Cuánto más medito y leo el Antiguo Testamento tanto más entiendo las mismas grandes virtudes del amor de Dios, la santidad de Dios, la corrupción del corazón humano y la obra regeneradora del Espíritu. Bien ha dicho Agustín: “El Nuevo está latente en el Antiguo y el Antiguo patente en el Nuevo.”

Nuestro punto de partida es que Dios nunca jamás es autor del mal. Al contrario puede permitirlo, o restringirlo o dejar que lleve a cabo sus propósitos santos de conducir al arrepentido al perdón o dejar caer el debido castigo merecido.

La rebelión del maligno, Lucero [Satanás], y sus huestes

Desde antes de la eternidad  pasada hubo en el cielo una rebelión permitida por Dios sin tener por qué darnos las razones. A través de la cortina histórica del príncipe de Tiro la describe Ezequiel. “Tú, querubín grande, protector, y te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad . . . Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a cause de tu esplendor; yo te arrojé por tierra; delante de los reyes  . . . Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tus santuario; yo, pues, saqué fuego por en medio de ti, el cual te consumió” (Ezequiel 28:14,15,1718).

Es imposible atribuirlo todo esto al príncipe de Tiro. El querubín, Satanás, contempló la hermosura que Dios le dio y así brotó el orgullo, el primer pecado original. Nos es misterio cómo llegó el mal en la creación de Dios. Pero Dios es Dios y no nos da razones ni quiere que examinemos más de cerca el mal.

Hay otra revelación bajo el nombre del gran rey de Babilonia, el rey mayor de la antigüedad. “Desde al Seol caíste tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama y gusanos te cubrirán. ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitaste a las naciones. Tú que decías en tu corazón: ‘Subiré al cielo; en lo alto junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; Sobre las altura de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.’ Mas tú derribado eres hasta el Seol a los lados del abismo” (Isaías 14:11-15).

Es casi una copia de carbón de Lucero, acompañado Lucero de ángeles caídos reservados en cadenas (2 Pedro 2:5) y demonios.  Así en el mundo antiguo se movía el diablo, el acusador, el tentador.

La caída del Eva y Adán    Génesis 3:14,15

Sabemos bien la historia de la tentación de Eva y Adán por la astucia de la misma serpiente identificado claramente en Apocalipsis 20:2“Y prendió al dragón, y la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años.”   Pero en el mismo momento de maldecir al diablo Jehová lanzó tu plan eterno de salvación por  el Mesías.  “Y Jehová Dios dijo a la serpiente:’ por cuanto esto hiciste, maldita eras entre todas las bestias . . . Y pondré enemistad entre ti y la mujer[la virgen concebirá], y entre su simiente [linaje mesiánico] y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza [la cruz], y tú le herirás en el calcañar [sufrimiento vicario]’ ” (Génesis 3:14,15).

Muy lejos de triunfar la serpiente, Dios usó esta ocasión para maldecirla sin posible remedio y a la vez anunciar su eterno plan salvífico, la salvación de los engañados.  Otra vez la gracia triunfó.

El libro de Job

De este libro singular no hay ni datos biográficos de Job, ni fecha fija; se calcula la etapa por el tiempo de Abraham ya que no hay ninguna mención de la ley. Dios revela en el libro de Job unas verdades que son las más profundas de la Biblia misma.  Analiza el valor del sufrimiento en la perfección de los santos. No hay libro más relevante en sacar a luz el pecado peor del creyente, su propia justicia, y la victoria por medio de la Cruz.

Dios purifica a Job a pesar de las maniobras defensivas de Job, dándole a Satanás límites muy estrictos; Dios le permite dos “rounds” del boxeo con Job. Toma nota de lo poco que sabemos de Job, pero la gran estima de Jehová mismo. “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1). De pocos lo dice Jehová esto.

Presenciamos el encuentro de Dios y Satanás en el cielo. ¡Qué revelación! Nos sorprende mucho la pregunta de Dios. Dios mismo da inicia al encuentro “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?  Responde Satanás con sarcasmo: “¿Acaso teme Job a Dios de balde?”Desafía a Dios por retarle a extender tu mano y quitarle las bendiciones. Sabemos la historia que Dios le puse cierto límite, un gran consuelo para cualquier santo en las tribulaciones.

De repente y de golpe Job pierde todos sus bienes y a su familia. “Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró y dijo:”Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá . Jehová dio y Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito” (1:8-12, 20, 21).Pronto hubo el segundo encuentro en el cielo y se le puso aún peor. Job perdió su salud y el amor de su esposa (Job 2:7-10).  ¡Qué más tendría Job? Solo Dios y su gracia.

Lo importante es que sale del escenario Satanás y no se aparece jamás en el resto de libro. El santo no trata para nada con Satanás. Dios usó a Satanás solo para que en su propia gracia le revelara a Job el pecado de su propia justicia a un nivel no conocida antes.

Job sufre las entrevistas con sus tres amigos (4-26), comparte su mucha sabiduría y su propia defensa que Dios no quiso oír (27-31) y luego la plática del joven Eliú (32-37). Finalmente Dios le hace 80 preguntas y no puede ni contestar ni una (38-41). Así quebrantado y crucificado con Cristo dice Job ya muerto a su propio “yo”: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” . . . Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job: 42:5,6,10).

Aquí el Antiguo Testamento revela las verdades de la Cruz. Dios es soberano y por el amor de su nombre tuvo el derecho de hacernos morir al propio “yo.”  No existe la verdadera santidad sin un quebrantamiento personal y la toma por fe de lo que Dios en la Cruz nos hizo de una vez:“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue co crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido [rendido nulo, cancelado], a fin de que no sirvamos más el pecado” (Romanos 6:6 [mi versículo favorito]).

El espíritu mentiroso bajo el mando de Jehová     2 Crónicas 18

Josafat, el buen rey de Judá, hizo parentesco con Acab, el rey malo de Israel, tocante a una batalla en Ramot de Galaad. Josafat le preguntó: ¿Hay un profeta en Israel? Acab llamó a sus cuatrocientos profetas, los cuales unánimemente le dijeron que fueran y Dios les daría la victoria. Cuando Josafat preguntó: “¿No hay un profeta de Dios? Sí que lo había y pero Acab decía que no me profetisa el bien; lo aborrezco. Se llama Micaías.

Se abre la escena en el cielo. Micaías dice: “Yo he visto a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaban a su mano derecho y a su izquierdo . . .  ¿Quién inducirá a Acab para que suba y caiga  en Ramot de Galaad? Y uno decía así, y otro decía de otra manera. Entonces salió un espíritu que se puso delante de Jehová y él dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué modo? Y él dijo: Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y Jehová dijo: Tú le inducirás, y lo lograrás; anda y hazlo así” (2 Crónicas 18:19-21).

Dios usa de un espíritu de mentira para lograr su propósito de juicio santo contra Acab. Dios es soberano y usa de medios desconocidos por nosotros pero sin perjudicar su integridad. Así lleva a cabo su voluntad.

La visión de Daniel      Daniel 10

Dios encomendó a Daniel, su fiel siervo, unas visiones de gran importancia para el mundo de aquel entonces, del futuro de Israel y aún del mundo entero. La carga era demasiada y Daniel desmayaba. Levantó  sus plegarias pidiendo entendimiento y las fuerzas.

Dios respondió a Daniel: “Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré,

y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba eso conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo; Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.

“Mas el príncipe del reino de Persa se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido a hacerte saber lo que ha de venir en los postreros días; porque la visión es para esos años” (Daniel 10:11-14).

Más adelante el ángel me dijo: “¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”(vv.20, 21).

Nadie hoy puede desenvolver estas verdades, pero pueden ilustrar nuestro texto: “Porque no  tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las  regiones celestes” (Efesios 6:10).

Josué, el sumo sacerdote ante el acusador     Zacarías 3

En el tiempo del profeta Zacarías, Josué fue el sumo sacerdote. Zacarías  revela otra escena celestial. “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová [Cristo pre encarnado] y Satanás estaba a su mano derecho para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: ‘Jehová te reprenda, oh, Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda, ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?’ Y Josué estaba vestido de vestiduras viles y estaba delante de ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: ‘Quitadle esas vestiduras viles.’ Y a él le dijo: ‘Mira que he quitado de tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala’” (Zacarías 3:1-4).

En el contexto que sigue Dios estuvo a punto de dar otra profecía mesiánica, pero quería recalar la importancia de su intervención cumpliendo sus pactos y profecías. “Escucha, pues, ahora Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo” (Zacarías 3:8).

Una vez más Dios hace correr la cortina celestial para darnos una vislumbre sin mucha explicación de las actividades celestiales de Dios y su enemigo Satanás, el adversario y acusador de los hermanos (Apocalipsis 10:12).  Los santos del Antiguo Testamento leyeron estas verdades y como nosotros no entendieron plenamente el antagonismo de Satanás hacia su creador.

Sabemos que el primer pecado, el orgullo que se levanta su puño en cara de Dios, se originó en un ángel creado. Por eso Dios nunca quiso proveer a tal rebelde y a sus seguidores nada menos que el infierno, su destrucción total (Mateo 25:41).. Pero a ella la engañada a Eva, la madre de los seres humanos, sí que la iba redimir y a su simiente del linaje del Mesías. A Dios sean las gracias.

 

 

 

 

 

La fe puesta a prueba 

(Santiago 1:2–4)

 

 

 

 

Pérez Millos, S. (2011). Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento

Πᾶσαν χαρὰν ἡγήσασθε, ἀδελφοί μου. El párrafo va a confrontar al lector con la situación de las pruebas. Por consiguiente nada mejor que llamar la atención de ellos invitándolos a ἡγήσασθε, considerar, reflexionar sobre este asunto.

El modo verbal que utiliza es un aoristo de imperativo, lo que indica una acción concluida plenamente a la vez que establece un mandamiento. Esa reflexión personal a la que el escritor llama debe emprenderse de forma inmediata. La reflexión –ya que el verbo está en voz media- traerá consecuencias directas para quien reflexiona.

Los cristianos en el tiempo de la Epístola habían comenzado a pasar por diferentes pruebas que, por lo menos a algunos de ellos, les estarían privando de la bendición del gozo. A los cristianos afligidos por las pruebas les envía un mensaje de aliento y de gozo.

Quienes estaban confrontando la situación son considerados por el escritor como ἀδελφοί μου, hermanos míos. No solo eran hermanos de origen, esto es compatriotas, sino hermanos en Cristo. Se trata de una expresión de cariño y de simpatía que prepara el terreno para cuanto va a decir luego. En el escrito podrá haber expresiones intensas, pero no dejan de ser movidas por el amor de hermano. Santiago es uno de ellos y uno con ellos. Un calificativo que abunda en la Epístola y que la convierte en un escrito personal (1:2, 16, 19; 2:1, 5, 14; 3:1, 10, 12; 4:11; 5:7, 9, 10, 12, 19). El término hermano tiene aquí la connotación de compañero de fe. Los hermanos son los miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19), de quienes Cristo es también hermano (He. 2:11).

El llamado a quienes considera como hermanos tenía que ver con πᾶσαν χαρὰν ἡγήσασθε, una apelación a la reflexión personal, ya que el verbo utilizado aquí, así lo exige. El escritor trata de que los lectores ajusten el pensamiento a una determinada forma. La reflexión tiende a afirmarse en el gozo. No se trata de un gozo limitado sino pleno, como expresa el adjetivo indefinido πᾶς, radicalmente todo, en ese sentido está refiriéndose a la plenitud del gozo, subrayada aquí de la misma manera que el apóstol Pablo la utiliza en la Epístola a los Filipenses, como un gozo completo y sin mezcla (Fil. 2:29; 4:4).

ὅταν πειρασμοῖς περιπέσητε ποικίλοις. La situación a la que alude la define ahora con la expresión cuando os veáis rodeados de pruebas variopintas. La forma verbal περιπέσητε, que puede traducirse por os halléis, es un verbo compuesto, por la preposición περί, alrededor de, que modifica al verbo πίπτω, caer, derrumbarse, de ahí el sentido de caer dentro de, que equivale a estar rodeado de pruebas. La realidad es que el cristiano ha caído en una situación angustiosa o conflictiva, a causa de πειρασμοῖς ποικίλοις, diversas pruebas.

La palabra πειρασμός, se traduce tanto por pruebas como por tentaciones. Actualmente el sentido de tentación se refiere a dificultades y conflictos surgidos en el interior de la persona, mientras que las pruebas son esas dificultades provenientes del exterior. Las pruebas son, por tanto, situaciones o dificultades dolorosas que ponen a prueba la fe del creyente. Son las luchas externas y conflictos propios de la vida cristiana. De ellas advirtió también Jesús: “En el mundo tendréis aflicción” (Jn. 16:33). Estas dificultades por las que se ven rodeados producen tristeza, como consecuencia natural. Sin embargo Santiago llama a los lectores a que cuando surjan las pruebas, en lugar de tristeza se asiente el gozo en el corazón que está pasando por ellas. Las pruebas no son en sí mismas motivo de gozo, pero, lo que está diciendo es que esas pruebas no impidan el gozo. Va a desarrollar los efectos benéficos de las pruebas, por tanto, antes de entrar en ellos, está llamando a la reflexión de considerarlas con un gozo grande y completo.[1]


[1] Pérez Millos, S. (2011). Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento: Santiago (pp. 42–44). Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE.

 

 

 

La Advertencia del Salvador en contra de la Tentación

 

Los discípulos se sentían confiados aún y cuando el peligro estaba a la vuelta de la esquina. Fue entonces que el Señor dio esta advertencia: “Velad y orad, para que no entréis en tentación…”

 (Mat. 26:41; Mr. 14:38; Luc. 22:46) Cada discípulo de Cristo necesita la misma advertencia. Esta advertencia contiene tres lecciones básicas que cada creyente debería aprender muy bien:

 

1.   La tentación es algo contra lo cual el creyente necesita guardarse continuamente.

 

2.  “Entrar en tentación” significa ser tentado en la forma más profunda y peligrosa.

 

3.   Para evitar que seamos dañados por esta clase de tentación, el creyente debería aprender a “velar y orar”.

 

En la Biblia vemos que existen dos clases diferentes de tentación. Hay un tipo de tentación que Dios usa y hay un tipo de tentación que Satanás utiliza. La tentación es como un cuchillo que puede ser utilizado para un propósito bueno o malo: puede servir para cortar la comida o puede ser usado para cortar su garganta.

 

I.          La clase de tentación que Dios usa

 

Algunas veces la Biblia usa la palabra “tentación” para significar una prueba o un examen. (Vean por ejemplo que la versión antigua traduce Santiago 1:2 como “diversas tentaciones” y la versión 1960 traduce la misma frase como “diversas pruebas”.) Abraham fue probado por Dios (vea Gen. 22:1) y en una forma u otra, todos los creyentes están sujetos a pruebas y tentaciones.

 

Hay que notar dos puntos importantes acerca de dichas pruebas.

 

Primero: El propósito de Dios en enviarnos pruebas.

 

a.   Las pruebas ayudan al creyente a conocer el estado de su salud espiritual.

 

A veces, la experiencia de una prueba enseñará al creyente las gracias espirituales que Dios está produciendo en su vida. La prueba que Dios le envió a Abraham demostró la fortaleza de su fe. A veces la prueba le mostrará al creyente las maldades de su corazón de las cuales no estaba consciente. Dios probó a Ezequías para revelarle el orgullo que había en su corazón (2 Cron. 32:31). A veces los creyentes necesitan ser animados viendo las gracias espirituales que Dios está obrando en sus vidas. A veces los creyentes necesitan ser humillados aprendiendo acerca de la maldad oculta de sus corazones. Dios cumple ambos propósitos a través del uso de pruebas adecuadas.

 

b.   Las pruebas ayudan al creyente a conocer más acerca de Dios.

 

1)   Solamente Dios puede guardar al creyente de caer en el pecado. Antes de que seamos tentados, pensamos que podemos manejar cualquier tentación con nuestras propias fuerzas. Pedro pensaba que jamás negaría a su Señor. La tentación le mostró que sí era capaz de hacerlo. (Mat. 26:33–35, 69–75).

 

2)   Cuando hemos aprendido nuestra debilidad y el poder de la tentación, entonces estamos listos para descubrir el poder de la gracia de Dios. Esta es la gran lección en que el apóstol Pablo fue enseñado por medio de “su aguijón en la carne” (2 Cor. 12:7–10).

 

Segundo: Dios tiene muchas maneras para probar a su pueblo.

 

Dios prueba a cada creyente en una manera muy personal. En seguida daremos tres ejemplos de los métodos que Dios usa en ocasiones para probar a su pueblo:

 

a.   Los prueba encomendándoles deberes que sobrepasan sus recursos. El apóstol Pablo se refiere a esta clase de prueba cuando escribe: “Pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas…” (2 Cor. 1:8). Esta fue una prueba que Dios usó para enseñar a Pablo lo que él dice: “Para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Cor. 1:9). Los creyentes no deberían estar sorprendidos ni desmayados si Dios les encomienda una tarea que pareciera ser demasiado grande para ellos. En esta manera Dios prueba a los creyentes para hacerles ver si su fe en el poder divino es fuerte o débil.

 

b.   Dios prueba a los creyentes permitiendo que sufran por su fe. Algunas veces el sufrimiento es muy severo, aún hasta el punto de la muerte (por ejemplo el martirio). Tal clase de sufrimiento es una prueba la cual la mayoría de los creyentes temen. Sin embargo, muchos creyentes han encontrado que en forma inesperada les fue concedida la fortaleza para ser torturados y aún para morir por Cristo. Todos los creyentes son llamados a sufrir de alguna forma u otra (Fil. 1:29 y 1 Ped. 2:21). Tales sufrimientos son llamados por el apóstol Pedro como “la prueba de vuestra fe” (1 Ped. 1:7 Versión Antigua).

 

c.   Dios prueba a los creyentes permitiendo que se encuentren con maestros falsos y enseñanzas falsas. En esta manera Dios pone a prueba la lealtad y el amor del creyente hacia El. (Deut. 13 es un buen ejemplo de esta clase de prueba.)

 

Estos son tres ejemplos de la variedad de métodos que Dios usa para probar a su pueblo. Esta clase de prueba que Dios usa siempre tiene la intención de hacer bien a su pueblo. Estamos listos ahora para ver la clase de tentación que Satanás usa.

 

II.         La tentación usada por Satanás con el propósito de lograr que la persona peque

 

Ambas clases de tentación contienen la idea de poner a prueba. ¡La tentación siempre es una prueba! En la clase de tentación intentada por Satanás, el punto que tenemos que recordar es el propósito de la prueba. La tentación de esta clase es una prueba diseñada para conducir a la persona a pecar. Dios nunca es el autor de este tipo de tentaciones (Stg. 1:13). Esta es la clase de tentación que el Señor tenía en mente cuando advirtió a sus discípulos. Esta es la clase de tentación acerca de la cual estudiaremos en este libro.

 

La Biblia enseña que hay tres causas principales para este tipo de tentación. A veces estas causas obran juntas y a veces separadamente:

 

Primero: El diablo como el tentador.

 

Dos veces en el Nuevo Testamento el diablo o Satanás es llamado “el tentador”. (Mat. 4:3; 1 Tes. 3:5). A veces el diablo tentará al creyente a pecar introduciendo pensamientos malos o blasfemos en su mente. A veces existe la tentación de dudar de la realidad de Dios o de la veracidad de su Palabra. Esta tentación frecuentemente surge por medio de malos pensamientos mandados por el diablo a la mente del creyente. Tentaciones de esta clase son llamadas “los dardos de fuego del maligno” (Ef. 6:16). El creyente no es culpable de pecado por el mero hecho de tener tales pensamientos. El creyente solamente es culpable de pecado si cree estos pensamientos.

 

Frecuentemente el diablo tienta usando dos de los siguientes métodos:

 

Segundo:    El mundo (incluso la gente mundana) como un tentador.

 

El pescador usa como anzuelo un gusano sabroso para atraer al pez. En la misma forma, a menudo el diablo usa el anzuelo de alguna atracción del mundo para persuadir a la persona a pecar. El diablo, cuando tentó a Cristo usó los reinos de este mundo como su anzuelo. Fue una sirvienta quien tentó a Pedro para que negara a su Señor (Mat. 26:69). El mundo con todas sus cosas y su gente es una fuente constante de tentación para los creyentes.

 

Tercero:    La carne (los deseos egoístas) como un tentador.

 

A veces el diablo obra a través de los deseos egoístas para tentar a la persona. El diablo tentó a Judas a traicionar al Señor usando tanto la ayuda del mundo (los fariseos y treinta monedas de plata Luc. 22:1–6) como la naturaleza codiciosa de Judas mismo. En las palabras de Santiago: “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” (Stg. 1:14)

 

La clase de tentación usada por el diablo es siempre un intento de persuadir de alguna forma a la persona a pecar. Tales tentaciones tienen como su meta principal persuadir a la persona a pecar en alguna o en todas las siguientes maneras: 1) por el descuido de algún deber que Dios le ha encomendado, 2) por guardar malos pensamientos en su corazón y permitir que los pensamientos ya concebidos den a luz el pecado, 3) por permitir que Satanás le distraiga de alguna manera de su comunión con Dios o 4) por fallar en dar a Dios la obediencia constante, completa y universal a todos sus mandamientos incluyendo la manera en la cual la obediencia es rendida.

 

Ahora estamos listos para reflexionar brevemente en la primera lección mencionada al principio de este capítulo.

 

III.        La tentación es algo contra lo cual el creyente necesita guardarse continuamente

 

Ilustraremos los peligros de la tentación usada por Satanás bajo los siguientes dos puntos:

 

a.   El gran daño que las tentaciones de Satanás pueden hacer al creyente.

 

La meta principal de la tentación es la de conducir a la persona a pecar. Pudiera ser el pecado de hacer lo que Dios prohíbe. Pudiera ser el pecado de no hacer lo que Dios manda. Pudiera ser algún pecado en la carne que puede ser visto por otros, o pudiera ser un pecado en la mente que solo Dios puede ver. Cualquiera que sea el pecado, nunca debemos olvidar que el propósito de la tentación es de dañar la salud espiritual del creyente.

 

b.   La gran variedad de tentaciones que Satanás usa en contra del creyente.

 

Cualquier cosa que pueda impedirnos hacer la voluntad de Dios debe ser vista como una tentación. Puede ser que sea algo dentro de nosotros (algún deseo malo) o cualquier cosa o persona en el mundo. Cualquier cosa que provoque o anime a una persona a pecar es un tipo de tentación. Casi cualquier deseo que una persona pueda tener, podría convertirse en una fuente de tentación. Desear tales cosas como por ejemplo: una vida tranquila, amigos, un buen nivel de vida, una buena reputación (¡la lista es casi interminable!), no es pecaminoso en sí mismo. Sin embargo, tales cosas pueden llegar a convertirse en una fuente peligrosa de tentación que resulte difícil resistir. Los creyentes necesitan aprender a temer las tentaciones que surgen de tales fuentes ya mencionadas. Deberían temer tales tentaciones tanto como temen las tentaciones que conducen a pecados abiertos y escandalosos. Si fallamos en hacer esto, estamos más cerca del borde de ser arruinados de lo que nos imaginamos.[1]

 

 

 



[1] Owen, J. (2010). Lo que cada creyente debería
saber sobre la tentacion. (O. I. Negrete & T. R. Montgomery, Trads.)
(pp. 7–12). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

 
 
 

 

 

El Significado de Pentecostés en el Gran Designio 

Dr. G. Ernesto Johnson, Seminario Bíblico Río Grande

 En Efesios Pablo nos lleva al clímax de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, la bendición de seguir siendo llenos del Espíritu Santo (Efesios 5:18capacitados para toda buena obra de gracia. Andamos en amor (v.2), andamos en luz (v.8), andamos con diligencia (v.15) y finalmente andamos siendo llenos del Espíritu. Con esta dotación divina y constante el resto de la vida cristiana es un descanso y desarrollo de la victoria para la gloria de Dios.

 

Vale la pena tomar una breve pausa para analizar el papel de Pentecostés en la llegada del Espíritu Santo en el Gran Designo de Efesios. Empieza Efesios desde la eternidad pasada y finaliza con“delos dos, judíos y gentiles, un solo hombre” (Efesios 2:4). ¡Qué trayectoria sorprendente! Vamos a ver como todo esto en pura gracia resultó en la historia bajo la soberana mano de Dios.

 

Las tres grandes épocas de la historia bíblica

Aunque se distinguen en ciertos aspectos las tres épocas es menester saber que el mismo Dios Trino no varía para nada los principios principales por los cuales gobierna al ser humano. En todo, Dios es santo; es el Juez divino que requiere la santidad en todo. Pero Él mismo la proveyó en su propio Hijo puesto como propiciación por nuestros pecados (Romanos 3:25).

En base de aquella muerte vicaria nos ofrece mediante la fe la salvación y la vida eterna. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues de don de Dios” (Efesios 2:8). Estas tres épocas forman el Gran Designio de Efesios que Dios le dio al Apóstol Pablo. “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas  de Cristo” (Efesios 3:8).

 

La época de Dios Padre

En el Antiguo Testamento Dios proveyó la promesa de la simiente de la mujer (Génesis 3:15), aceptó la ofrenda de Abel y de Noé. Confirmó el Pacto incondicional con Abraham, el Pacto condicional con Moisés y el Pacto Davídico eterno. Durante aquel tiempo el Espíritu Santo llevaba a cabo todos los propósitos salvíficos de la gracia por fe. Pero su obra era más implícita o encubierta y no tan abierta porque Mesías no había llegado. Sin embargo, seguía activo aún en los del primer pacto. “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14).

 

La época del Dios Hijo

Pero los planes eternos de Dios se movían hacia la cumbre en la encarnación del Jesús  profetizada por Isaías de la virgen quien daría a luz a un hijo, llamado su nombre “Emanuel”, Dios con nosotros(Mateo 1:23). Pablo lo dijo bien: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley (judíos),a fin de recibiésemos (los gentiles) la adopción de hijos” (Gálatas 4:4.5). La apariencia del Mesías era la obra magna de Dios Padre; todo lo demás giraría alrededor de su vida inmaculada y su muerte vicaria en propiciación por los pecados del mundo.

Pero desde el Aposento Alto Jesús reveló muy a tiempo la verdad suprema con respecto de la venida  del Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad que tomaría de “lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:15).  Su ministerio nuevo sería un ministerio muy abierta y poderosa a través de una nueva entidad, la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, pronto por ser inaugurada.

 

La época del Espíritu Santo

Al resucitar de la tumba Jesús había mandado que sus once discípulos se reunieran con Él en el monte en Galilea y allí les anunció la Gran Comisión: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra . . . y he aquí estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:18,20).  Justo antes de su ascensión les dijo. “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí . . . Perorecibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en todo Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:48).

 

El momento clave de la llegada del Espíritu   la fiesta de Pentecostés o las siete semanas

En la solemne providencia de Dios había tres fiestas que prefiguraban la redención bajo el primer pacto a las cuales todo judío varón tenía que presentarse: 1) la pascua, seguida de los siete días depan sin levadura, 2) luego la de Pentecostés y 3) la de los tabernáculos (Levítico 23).

Pentecostés era la fiesta de la cosecha del trigo y la cebada, tiempo de gran alegría al presentar la labor de sus manos. Escucha a Jehová: “De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová” (Levítico 23:17). Acompañados los sacrificios apropiados con los dos panes, la cosecha  representaba la plena bendición de Dios sobre su pueblo. Era motivo de gratitud y alabanza.

Toma nota de una notable excepción que se nos destaca: lospanes con levadura era siempre señal que simbolizaba la contaminación del pecado, algo no aceptable a Dios. Pero en Pentecostés al prefigurar la inauguración de la Iglesia del Cristo triunfaría la gracia de Dios manifestada en la Cruz “el justo muriendo por los injustos”. Dios iba a recibir en Cristo a los judíos y los gentiles ya redimidos – “un solo y nuevo hombre” en Pentecostés. Esta es la verdad encubierta en el Antiguo Testamento pero revelada en Jerusalén.

Dios escogió esta fiesta porque bajo el Nuevo Pacto los dos panes conlevadura darían evidencia de la gracia de Dios en el perdón del pecado y en la inauguración de la Iglesia de Cristo. Esta inauguración iba a ser un doble proceso histórico, primero la incorporación de los ciento veinte judíos bajo Pedro en Hechos 2; más adelante iba a ser la incorporación de los gentiles en casa de Cornelio, el centurión en Hechos 10 y 11. Dios aún tuvo que convencer a Pedro por medio de una visión fuerte que su plan desde la eternidad había sido incluir a los gentiles bajo la misma gracia que los judíos.

Exactamente como Jesús les mandó, vino la Promesa del Padre. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos, Y de repente vino del cielo un estruendo como un viento recio que soplaba . . . fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen (Hechos 2:1,4). Fíjate bien en el control del Espíritu en todo lo que pasó en ese día.

Le tocó a Pedro, antes el traidor pero ahora el portador lleno del Espíritu, dirigir la palabra clave de la nueva época. En un breve sumario: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís (Hechos 2:32.33). Con toda razón Pedro explicó poderosamente en su sermón el significado de la ocasión.

El Dios Trino iba a poner el último vínculo de la cadena del Gran Designio“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades . . . en quien todo el edificio bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu ”(Efesios 2:13-16,21,22).

 

El significado de los fenómenos de Pentecostés

Dios quiso hacer un tremendo impacto, una entrada auspiciosa y la hizo a través de ciertos fenómenos como en otras ocasiones anteriores. Hubo un gran estruendo o viento para llamar a la gente (1 Reyes 19:11), las lenguas repartidas con fuego como Juan el Bautista había prometido (Mateo 3:11), pero ahora, sobre todo, oyeron las maravillas de Dios en sus propios dialectos.

El fiel historiador, Lucas, debiera haber hecho bastante investigación ya que nombró específicamente quince “étnias” de todas partes del mundo antiguo: partos, medos, elamitas, de Mesopotamia, Capadocia, Ponto y Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, regiones de África, Cirene, romanos, cretenses y árabes. Aquí tenemos representantes de todo aquel mundo, un panorama futuro de la cosecha misionera. Dios trajo literalmente el mundo a Jerusalén para que fuesen las primicias de la gran cosecha futura.

Se oyeron las maravillas de Dios. Pentecostés, si era algo, era el primer paso misionero dado al mundo del aquel entonces, algo casi perdido en la exégesis del Pentecostés hoy día. No oyeron lenguas místicas sino las lenguas del común uso, vehículos del evangelio. Solo los ciento veinte  hablaron en lenguas siendo los primeros misioneros.

Los 3.000 convertidos en ese día no hablaron en lenguas sino que solo respondieron en fe al mensaje de Pedro. Fue un poderoso mensaje de salvación centrado en Jesús ya ascendido y sentado a la diestra de su Padre.

 

Pentecostés introdujo una nueva visión misionera

El verdadero significado del por qué hablar en lenguas, pues, era una profecía cierta del alcance y la cosecha final del evangelio según la Gran Comisión y Hechos 1:8: “y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la Tierra.” La Iglesia fue inaugurada con el mensaje salvífico, oídas “las maravillas Dios” en sus propios y variados dialectos. Y ante el trono celestial terminará en la majestosa gloria del cielo: “y cantaban un nuevo cantico, diciendo: Dignos eres de tomar el libro  y de abrir sus sellos; porque  fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua  y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9).

La Iglesia de Cristo, pues, sería una iglesia misionera. Así fue introducida en el Día de Pentecostés la gran fiesta de la cosecha. Personalmente no he oído esta verdad presentada hoy día; así el triunfo en el cielo será la Gran Comisión ya realizada a través de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, yaun solo y nuevo hombre.

Esa verdad misionera se ha perdido en la discusión e interpretación teológica de hablar en lenguas, como si fuera una experiencia por buscar o mantener. Según algunos, hablar en lenguas es la señal de la llenura del Espíritu. No lo es. Al contrario la verdadera señal de la llenura del Espíritu es el andar diario en la humildad, la santidad y el servicio a la voluntad de Dios.

 

La inauguración de la Iglesia en dos etapas históricas

Es interesante notar que los fenómenos en sí no constituyeron, al fin y al cabo, lo importante; no se repitieron los mismos fenómenos de Pentecostés, ni en el mismo orden ni en cada lugar.

Hubo dos ocasiones principales en que el Espíritu optó por caer soberanamente sobre los dos grupos incorporándoles en el Cuerpo de Cristo. Primero cayó sobre los judíos en Pentecostés, solo los 120, ya quedándose todos unánimes juntos (Hechos 2:1); en la siguiente ocasión de mucha importancia fue la incorporación de los gentiles en la casa de Cornelio, el centurión, romano.

Dios tuvo que traer a un Pedro bien renuente. En la visión de comer lo inmundo, Dios tuvo que decirle: “Levántate, Pedro, mata y coma . . . Señor, no: porque ninguna cosa inmunda he comido jamás.” Tres veces esto pasó. En ese preciso momento, llegaron los de Cornelio pidiendo la visita de Pedro. Tal había sido la intervención de Dios tan directa que resultó en la incorporación de los gentiles (Hechos 10:9-19).

Pedro en medio de su sermón al llegar a lo crítico del mensaje: “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán el perdón por su nombre. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hechos 10:43Descripción: http://www.logos.com/images/Corporate/LibronixLink_dark.png,44Descripción: http://www.logos.com/images/Corporate/LibronixLink_dark.png).  Nota con cuidado que Lucas en el texto mismo no dice en ese mismo momento nada de las lenguas, dejando que los incrédulos testigos oculares provean la evidencia del hecho principal—la llegada del Espíritu con el poder de lo Alto. Las lenguas solo sirvieron para convencer a los judíos dudosos.

Tan soberana fue la inauguración de los gentiles que los compañeros escépticos no pudieron negar la realidad de la igualdad de los gentiles ahora ante Dios. “Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaban atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu. Porque los oían que hablaban en lenguas, y magnificaban a Dios” (vv.45, 46),

Al regresar Pedro a la iglesia de Jerusalén tuvo que defenderse ante los judíos escépticos. Si que Dios había dado era el mismo derramamiento del Espíritu a los gentiles. Lo hizo así diciendo Pedro: “Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?  Entonces, oídas estas cosas, callaron y glorificaron a Dios, diciendo: !De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:15-18Descripción: http://www.logos.com/images/Corporate/LibronixLink_dark.png).

Hubo otros dos encuentros de menos alcance: en Samaria bajo el avivamiento de Felipe llegaron Pedro y Juan desde la iglesia materna; oficialmente les pusieron las manos y recibieron al Espíritu, pero no había ninguna evidencia de las lenguas (Hechos 8:14-17Descripción: http://www.logos.com/images/Corporate/LibronixLink_dark.png). El último evento fue en Éfeso cuando Pablo halló a los doce discípulos de Juan el Bautista y les puso las manos y hablaron en lenguas (Hechos 19:1-7Descripción: http://www.logos.com/images/Corporate/LibronixLink_dark.png).

Así de esta manera el Espíritu inauguró la Iglesia de Cristo como la Fiesta de Pentecostés había prefiguraba – losdos panes con levadura de la fiesta de la cosecha.  No había ninguna desavenencia entre los grupos. “Para que no haya ninguna desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (1Corintios 12:25).

 

¿Cuáles son las lecciones para nosotros hoy?

Lo más importante no son los fenómenos.  Lo importante era la llegada del Espíritu en PODER tal como Jesús había dicho en Hechos 1:8. Era el poder del mensaje de la Cruz que agregó 3.000 en solo un día (Hechos 2:41-47) y luego 5.000 (4:4) a la iglesia en Jerusalén.  Era el poder del Espíritu Santoy la Palabra de Dios que transformaron a los apóstoles miedosos en los valientes portadores llenos de gozo.  El poder de la verdad dio la autenticidad al mensaje de gracia en salvar y dotar al creyente, ahora miembros todos de su Cuerpo. Las lenguas solo sirvieron para convencer a los escépticos y llamarles la atención.

En breve, la meta singular de la Gran Designio para la Iglesia era poder “crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Efesios 2:15); era la de glorificar a Dios por  alcanzar al mundo para desenvolver la verdad de la muerte y resurrección de Cristo.  Esto mismo nos será el frecuente tema de los coros celestiales.

 

Una precaución teológica en interpretar los Hechos

Ha habido en América Latina y en muchas partes el uso de los Hechos como un patrón o modelo fijo para el andar espiritual del creyente. Nuestro punto de partida, claro que sí, es “Toda la Escritura[soplo divino] es inspirado  por Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia a fin de que el hombre de Dios sea perfecto [maduro], enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16,17).

Pero según las reglas de la hermenéutica, la ciencia de interpretar y aplicar las verdades, acudimos primero a las epístolas cuyos propósitos principales son explicar y aplicar tales verdades en su plenitud.  Se puede deducir doctrina de los Hechos con tal que los evangelios y las epístolas confirmen claramente tales doctrinas; Lucas nos relata fielmente lo histórico-el qué, el cuándo, el cómo, pero no el por qué en cada caso. Al contrario, las cartas de Pablo, Juan y Pedro y los evangelios confirman y nos aseguran las verdades esenciales para la vida cristiana llena del Espíritu Santo.

 

 
Muchos creyentes suelen aprovechar el final de un año y el inicio de otro para examinar sus vidas y plantearse nuevos retos.
(o seguir trabajando con ánimo renovado en aquellos que no fueron alcanzados en el año que pasó). Pero si tuvieras que señalar un propósito primordial, aquel que será tu principal prioridad en el 2015, espero que se encuentre alineado con lo que Pablo expresa acerca de sí mismo en Fil. 3:7-14.
 

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

 

Cuando Pablo conoció a Jesús de inmediato consideró todo aquello en lo que antes se gloriaba como basura en comparación con “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús” – o como lo traduce la Biblia de las Américas, “el incomparable valor de conocer a Cristo Jesús”. Sin embargo, su meta en la vida era seguir cultivando esa relación personal con Cristo en una forma cada vez más intensa y parecerse cada vez más a Él.

 

Ahora bien, Pablo estaba consciente de que era imposible para él crecer en la semejanza del Señor sin el poder del Cristo resucitado. “Yo quiero conocer a Cristo y ser semejante a Él, por eso quiero experimentar en mi vida el poder de Su resurrección” (vers. 10). Así como no tenemos poder alguno en nosotros mismos para ser salvos, así tampoco tenemos poder alguno en nosotros mismos para ser santos. La buena noticia, es que el poder del Cristo resucitado está disponible para todo aquel que cree (comp. Rom. 6:1-6).

 

Por otra parte, Pablo también sabía que esa semejanza a Cristo implicaba sufrimiento: “y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en Su muerte”. Pablo tenía una perspectiva realista de lo que implica ser como Cristo. En la misma medida en que nos parezcamos más a Él, en esa misma medida experimentaremos más sufrimientos (comp. Jn. 15:18-20). Pero aún así, ese era el anhelo que dominaba Su vida. Noten los verbos que usa en los vers. 12-14: “prosigo”, “me extiendo”, “prosigo a la meta”. Y ¿qué hace Pablo para avanzar hacia esa meta?

 

 

 

En primer lugar, examinarse honestamente a sí mismo: “No que lo haya alcanzado, ni que ya sea perfecto…”. El mero hecho de tenerlo como una meta es una muestra de que él sabía que no había llegado. Pablo se conocía muy bien y sabía que en muchas cosas debía seguir creciendo a la semejanza del Señor Jesucristo porque para eso fue salvado: “Yo quiero asir aquello para lo cual yo fui asido por Cristo”; en otras palabras, “quiero alcanzar aquello para lo cual yo fui alcanzado por El” (Rom. 8:28-29; Ef. 1:3-4).

 

 

 

En segundo lugar, Pablo se concentró en la obtención de su meta: “Una cosa hago…”. Es como un hombre corriendo una carrera; él no se distrae contemplando el paisaje o las personas del público; ni siquiera debe enfocarse en los que están corriendo a su lado.

 

 

 

En tercer lugar, y finalmente, Pablo nos dice que él tenía su mirada puesta en la meta que se había propuesto alcanzar (vers. 14). Es posible que Pablo tuviera en mente las carreras olímpicas en Atenas, donde el vencedor recibía una corona de laurel, la suma de 500 dracmas, su manutención de por vida y un asiento de primera fila en el teatro. Pero cuando Pablo corría, sus ojos estaban puestos en el sublime propósito del llamamiento de Dios.

 

Y ahora yo te pregunto, ¿puedes tú decir igual que el apóstol Pablo que conocer a Cristo y ser como Él es la gran meta de tu vida? ¿Puedes decir igual que él que estás empeñado en alcanzar esa meta, de tal manera que todo lo que haces y todas las decisiones que tomas están supeditadas a ella? ¿Qué tan consciente estás de la presencia de Cristo en tu vida y cuán intencionalmente estás procurando agradarle a Él en todo lo que haces? ¿Estás creciendo en tu intimidad con Cristo?

 

 

 

Examina tus deseos por medio de las cosas que pides a Dios en oración, o a través de aquellas cosas en las que sueñas cuando sueñas despierto. ¿Puedes decir que tu más profundo anhelo es parecerte cada vez más a Cristo, en dependencia de Su Santo Espíritu? Recuerda que nosotros tenemos a nuestra disposición el poder de Su resurrección; no hay razón alguna para que te quedes en el estado en que estás. Pídele al Señor que te ayuda a concentrarte en esta meta, y pídele también la gracia que necesitas para seguir avanzando hacia ella cada día.

 
 
 CARTA A UN ALMA DEPRIMIDA EN NAVIDAD

 

 

Por: José Alfredo Liévano

 

 

Aprovecha esta fecha tan especial para compartir esta reflexión con alguna persona que tú conozcas, y que esté atravesando por alguna depresión...

 

Dios se acuerda de todo lo que te ha sucedido; tiene presente el dolor y los sufrimientos por los que has pasado a lo largo de todo este año...

 

No creas que estás en el olvido, aunque así te sientas...

 

 ¡Dios no ignora cómo estás!

 

 

Tus circunstancias actuales están ante la presencia de Dios; precisamente por esas que atraviesas HOY, y que ahora te hacen llorar amargamente...

 

 

Dios no ignora, que lo que antes te pertenecía, ahora está en otras manos...

 

 

Dios no ignora, que lo que antes obtenías sin problemas, ahora te cuesta adquirir con dificultad y con muchos riesgos...

 

 

Dios no ignora, que los que antes estaban a tu favor, ahora los tienes en contra...

 

 

Dios no ignora, la causa y las consecuencias de tu dolor.

 

 

Dios no ignora que todo es una asolación total a tu alrededor.

 

¡Dios lo sabe!

 

 

 

Muchas situaciones que ahora vives, no han llegado así sin más. Bien sabes que muchas de ellas son consecuencias que propiciaste, y ahora no hay nadie quien te libre de esta pena...

 

Hace mucho tiempo que la alegría se ausentó de tu vida a pesar de saber que Dios es tu gozo...

 

 

 

¡El peso es demasiado fuerte!

 

Ya no lo soportas.

 

 

 

La tristeza y la incertidumbre es lo que ahora se perfila ante tus ojos...

 

No hay más que hacer...

 

Has llegado a comprender que únicamente Dios es quién te puede sacar de esta situación insoportable que ahora te esclaviza...

 

El mismo te hace la invitación:

 

 

 

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11:28).

 

 

 

Desahógate ante Dios...

 

Dile todo cuanto hay en tu interior...

 

Abandónate en él, pues tendrá cuidado de ti...

 

Sigue el consejo que da el Apóstol Pedro:

 

 

 

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. (1ª Pedro 5:6-7).

 

 

 

Reconoce en estos momentos tu necesidad extrema delante de Dios...

 

Exprésasela con libertad y sinceridad...

 

Dedica tiempo suficiente para hacerlo...

 

 

 

Dios con su poder, soberanía y misericordia, hará que las cosas mejoren.

 

Hará que sea como antes que entraras a esta pesadilla que ahora no soportas...

 

 

 

Sigue ahora el consejo que Dios te da en su Palabra y espera en sus promesas de bendición.

 

 

 

¡EL AÑO QUE  VIENE SERÁ DIFERENTE!

 

 

 

 
 
 
Cuando Dios te lleva al desierto 

 

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. (Mateo 4:1).

 

 

 

Si conoces la historia, sabrás que Jesús previo a las tentaciones del desierto fue bautizado. Juan el Bautista era el hombre que Dios usó para ese propósito.

 

Fue en el bautismo de Jesús en el que los cielos se abrieron, descendió el Espíritu Santo en forma de paloma, y se oyó la Voz de Dios hablando acerca de SU Hijo Jesús.

 

 

 

Aparentemente todo estaba bien, El Señor iniciaba con pie derecho Su ministerio, pero antes de comenzar a realizar la obra que Dios lo había mandado a hacer, era necesario que pasara por el DESIERTO, al cual fue guiado a través del Espíritu Santo.

 

 

 

Muchas veces en nuestras vidas pasa lo mismo: estamos en momentos de bendición y todo nos está saliendo bien. Hay dinero, salud, trabajo, casa, la vida te sonríe, Dios te bendice, sientes Su Amor, Su Respaldo, Su Gracia en todo lo que haces. Pero de repente, te despertaste una mañana como cualquier otra y notaste que no amaneciste en tu cama sino en medio de serpientes y escorpiones, sin techo ni abrigo bajo el Sol incandescente del desierto.

 

 

 

Claro, estamos haciendo esta comparación en un sentido espiritual, pero déjame preguntarte ¿no has sentido como que de repente las cosas comienzan a salir mal luego de una racha de bendiciones? Sabes una cosa, Dios desea bendecirnos siempre, nunca ha pensado males para el ser humano, pero muchas veces El PERMITE que pasemos por momentos de desierto en nuestras vidas para enseñarnos o prepararnos para algo mejor.

 

 

 

Cuando Jesús entró al desierto, El entró "pequeño", aparentemente sin experiencia de la lucha espiritual que tendría que enfrentar; estaba solo, sin nadie que le alcanzara un vaso de agua, y para colmo de males, el mismo diablo llega a tentarlo tres veces para hacerlo caer y arruinar así Su Ministerio.

 

 

 

Dios necesitaba llevar a Su Hijo por el desierto, porque ahí El iba a crecer, a fortalecerse y a hacerse grande en Dios. Cuando pasamos por momentos difíciles y de desierto, no es porque Dios esta enojado o porque quiera castigarnos, sino que El nos está preparando para una bendición mayor a la que nosotros nos imaginamos.

 

 

 

Si nosotros no soportamos el desierto, Dios no nos puede bendecir. Que lindo es cuando Dios nos lleva de la mano por los delicados pastos; pero que amargo se siente cuando nos empuja a entrar al desierto para que crezcamos. Dios desea bendecirnos, pero debemos de ganarnos esas bendiciones, que solo son para los valientes, para aquellos que luchan, para los que se esfuerzan y siguen adelante a pesar del dolor que sienten.

 

 

 

Yo no sé cómo fue este año para ti, si fue un año de bendición o de desiertos. Personalmente, hubieron mucho de ambos, y puede que más desierto; pero, ¿significa eso que me debo de enojar con DIOS? Para nada. El hecho que este haya sido un año de desierto, no quiere decir que El no ha estado conmigo. El me ha guiado a través de esas luchas, muchas, incontables, terribles, pero de todas ellas hemos salido en victoria.

 

 

 

¿Qué me dices tú? Aunque te haya ido muy mal en el año, ¿verdad que nunca Dios se olvidó de ti? Es que El quiere formarte, y solo puede hacerlo a través del desierto. Cada prueba que vencemos es un paso más cerca de esa bendición que tanto deseamos. Si este año le pediste algo a Dios, y no te lo concedió, ¡NO TE ENOJES! Sigue adelante.

 

 

 

Puede que hayas pasado por desiertos grandes en este año, pero el siguiente TU VERÁS EL FINAL DE TU DESIERTO, tan solo créelo. No te rindas ni desmayes, aunque fue duro pero el Señor resistió y luego un hermoso ministerio de poder y milagros le siguió. Tú no te imaginas lo que DIOS tiene para ti cuando salga de tu desierto.

 

 

 

Si estás pasando el desierto, no te quejes, no te rindas, no desmayes, sigue adelante, pues es Dios quién te sustente, quién te lleva de la mano y te llevará pronto, muy pronto a la salida de ese lugar. Y verás las cosas grandes que Dios tiene para tu vida. Un poco de lucha por mucha bendición, es que Dios es así, nos bendice más de lo que merecemos, y lo hace cuando pasamos el desierto.

 

 

 

 

Que Dios te bendiga.

 

Autor desconocido

 

Las cinco coronas - Recompensas para los fieles 

 Por Lyn Mize 

El 
doctrina de la recompensa en el Juicio de Cristo es lamentablemente un tema descuidado en nuestros púlpitos hoy en día, pero es uno de los más importantes para el cristiano. Esta doctrina se refiere a la herencia futura de los cristianos, y es un tema central de la Biblia. Sin embargo, , la gran mayoría de las iglesias raramente predicar o enseñar en esta doctrina.

 Es incorrecto suponer que todos los cristianos serán coherederos con Cristo en su reino venidero y de todas las coronas y los premios son automáticos. Si bien es cierto que todos los cristianos tienen a Dios como su herencia, no es una herencia del Señor que no es automática. 


Hay varios aspectos de la doctrina de premios como el premio a los vencedores, los tesoros en el cielo, alabanza y honor de Cristo, co-reinar con Cristo, la participación en el banquete de bodas, y una clase especial de la resurrección. Todos estos aspectos parecen estar directamente vinculados a las cinco coronas que se adjudicarán a los vencedores fieles en el tribunal de Cristo. Ellos se ganan premios. 

Sólo los cristianos que han ganado las cinco coronas se clasificarán para "el premio" que Pablo hablaba (Fil 3:14). El premio es el "premio completo," y los creyentes que obtengan será seleccionada como la Esposa de Cristo . Este es el nivel más alto de los tres niveles de servicio en el reino. Un gráfico se da al final de este artículo para ayudar al lector a comprender la importancia del servicio fiel al Señor Jesucristo en la era actual. 

Habrá muchos puestos de servicio en el reino de Dios el Hijo y el rango de cada cristiano que cumple los requisitos para entrar en el reino será determinado por la fidelidad en la tierra. Contrariamente a la opinión popular, la frase "entrar en el reino" no se refiere a la salvación espíritu de una persona en el sentido evangélico (es decir, el reino de Dios el Espíritu Santo). La frase significa literalmente para entrar en el dominio del rey, y se refiere a los cristianos que los requisitos para reinar y gobernar con Jesucristo en su reino milenario (es decir, el reino de Dios Hijo). Este privilegio está directamente relacionada con la doctrina de los premios que depende de la forma en que el cristiano vive su vida durante la la edad actual. Como se explicó anteriormente, ésta es la salvación del alma de una persona. 

La edad actual es un momento en que Dios está tomando un pueblo de los gentiles "por su nombre" (Hechos 15:14) para que puedan ser probados con el fin de cubrir puestos en el reino de Dios el Hijo. No se va a parecer tres niveles de servicio en el reino, y estos niveles de servicio parecen estar vinculadas a los cinco coronas. Es evidente que los que entran en el reino habrá ganado "Stephanos coronas" en el tribunal de Cristo, pero no es absolutamente clara sobre la filas de las coronas. Sin embargo, algunos trazado de orden de clasificación, se sugiere como las coronas parecen estar relacionados con los tres niveles de servicio en el reino. 

La tabla al final de este artículo puede ser útil en la comprensión de las coronas, ya que están relacionados con las filas en el reino. 

La Corona de la Vida 

La corona primero y fundamental que se requiere para entrar en el reino de Dios, el Hijo es la "corona de la vida." Se debe recordar que las copas se ganan premios y no se refieren a la experiencia del nuevo nacimiento que es la entrada al reino de Dios el Espíritu Santo. La salvación del espíritu de una persona a través de la fe en Jesucristo no se puede perder. Las coronas se puede perder y las Escrituras dan testimonio de este hecho. La corona de la vida se hace referencia en los siguientes versículos: 

Santiago 1:12 (RV) Bienaventurado el hombre que sufre la tentación, pues cuando es probado, recibirá la corona de la vida, que el Señor ha prometido a los que le aman. 

Rev 2:10 (RV) no Miedo a las cosas que tú sufras: he aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que podáis ser juzgado, y tendréis tribulación por diez días: Sé fiel hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la vida. 

Rev 3:11 (RV) He aquí, yo vengo pronto: mantener tan rápido que tienes, para que ninguno tome tu corona. 


El 
de la corona de la vida será entregado en el tribunal de Cristo para los cristianos que son "fieles", "amo" y "No se muevan." Estos son los cristianos que han perdido sus vidas a Cristo que se podrían obtener en la eternidad. Esta es la salvación del alma. 

Lucas 9:23-24 (RV) Y dijo a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 24 Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. 

La corona de la vida se otorgarán a aquellos cristianos que han salvado sus almas en el Juicio de Cristo. Es una salvación basada en obras. (Esto es muy diferente de la salvación del espíritu, que es por la gracia mediante la fe en Jesucristo, sin ningún tipo de obras de cualquier tipo). La salvación del alma, representada por la recepción de la corona de la vida, es una recompensa a aquellos cristianos que buscan al Señor y vencer la carne a través de la confesión del pecado y la llenura del Espíritu Santo. (1 Juan 1:9) 

Rev 3:5 (RV) El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 

El 
Libro de la Vida está muy mal comprendida por la mayoría de los predicadores y maestros. El libro de la vida es la base de recompensas en el cielo, no la entrada en el cielo. Cada creyente nombre fue escrito en el libro de la vida "desde la fundación del mundo" (Apocalipsis 17:8). Todos estos son los elegidos por Dios para la salvación. Todo el que lleva su nombre en este libro tiene el potencial para vivir una vida bajo el control del Espíritu Santo, resultando en la corona de la vida o una recompensa por buenas obras. 

Tener el nombre de uno borrado del libro de la vida no significa la pérdida de la salvación en el sentido evangélico, pero la pérdida de la corona de la vida o la pérdida de la recompensa. Esta corona es un requisito básico para entrar en el reino de Jesucristo, y para obtener uno o más de las otras cuatro coronas. Jesús personalmente se describe cómo esta corona se gana en los siguientes versículos: 

Mat 10:39 (RV) El que halla su vida (es decir, el alma), la perderá, y el que pierde su vida (es decir, el alma) por causa de mí, la hallará. 

Mat 16:27 (RV) Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras. 


El versículo 27 supra, establece claramente que la salvación del alma es el resultado de las obras, y está directamente relacionado con la corona de la vida. Así, la pérdida de la corona de la vida es la pérdida del alma y la pérdida de la recompensa y no la pérdida de la salvación del espíritu, que es un don gratuito de Dios. Si el hombre debe mantener las buenas obras, a fin de mantener esta salvación, entonces no sería un regalo ni sería por la gracia. Salvación es por gracia, pero las recompensas son de acuerdo a las obras. 

Numerosos cristianos estarán en el cielo, cuyos nombres fueron borrados del libro de la vida. Estos son los cristianos que han perdido todos los de su recompensa por vivir una vida controlada por el soulical carne o de la naturaleza. Sus vidas han sido una pérdida, pero su espíritu se salvará. Hay muchos ejemplos de esto en la Biblia. 

Saúl es un tipo fundamental de los cristianos que pierda su vida y su corona por la desobediencia. Otros tipos del Antiguo Testamento que han perdido su herencia por la desobediencia de Rubén que se perdió la doble porción a causa del pecado, Esaú, que vendió su primogenitura por un plato de guiso rojo , y el lote que perdieron su recompensa porque amaba las cosas del mundo. Todos estos hombres fueron salvados espiritual, pero perdieron su recompensa en el reino mesiánico. 

Todo cristiano que gana la corona de la vida es un vencedor y reinar y gobernar con Jesucristo en el reino milenario. Los cristianos sólo de ganar esta corona será decisión del tercer nivel en el reino, y que reinará sobre las ciudades de la tierra. 

La parábola de las minas en Lucas 19:11-27 es una imagen de siervo "bueno" que ha sido fiel "en un muy poco." Reinará sobre las ciudades de la tierra. Este funcionario está en contraste con el "siervo bueno y fiel" que será "gobernante sobre muchas cosas" en la parábola de los talentos en Mateo 25:14-25:30. El "siervo bueno y fiel" se reinante de el segundo nivel en el reino. La corona incorruptible y la corona de justicia parecen estar vinculadas a la "siervo bueno y fiel". El lector puede remitirse a la tabla en este punto a fin de captar las sutiles diferencias en los grados de fidelidad y los grados de responsabilidad en el reino milenario. 

La corona incorruptible 

1 Corintios 9:24-27 (RV) ¿No sabéis que los que corren en una carrera de ejecutar todos, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Y todo aquel que lucha por el dominio es templado en todas las cosas. Ahora lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Por lo tanto, para correr, no como a la ventura, de manera peleo, no como uno que beateth el aire: 27 Pero me mantenga en mi cuerpo, y lo pongo en: no sea que por cualquier medio, cuando he predicado a otros, yo yo debería ser un náufrago. 

El 
corona incorruptible se concede sobre la base de ganar una carrera espiritual que está marcado por Dios para cada creyente. Es una carrera diaria de "aplazar" los pecados de la carne que luego permite al creyente a "poner en" los frutos del Espíritu (Col 3). Esto requiere auto-disciplina del cuerpo, que es utilizado por el Espíritu Santo para manifestar la vida de Cristo. Esta vida es dependiente de la llenura del Espíritu Santo a través de la confesión del pecado y de la sensibilidad a la dirección del Señor. 

Hay una diferencia en ser "en Cristo" y que "Cristo en nosotros." Todos los cristianos estamos en Cristo, pero los cristianos han de ganar esta corona de Cristo en ellos. El ganador de esta corona ha sido exitoso en negar los deseos de la carne y los apetitos de el cuerpo. Se ha tenido éxito en "crucificar la carne" (Gálatas 5:22-24). 

Esta corona está ligada con el siervo "bueno y fiel" que será "el soberano de mucho" (Mateo 25:21). De acuerdo a esta Escritura, es al parecer también un requisito previo para ganar la corona de justicia: 
Corona de justicia, 

2 Timoteo 4:7-8 (RV) He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe: 8 De ahora en adelante hay previstas para mí una corona de justicia que el Señor, juez justo, me dará en aquel día, y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 

A fin de resumir y colocar las coronas de las perspectivas hasta este punto, es importante comprender que la corona de la vida pertenece al alma, mientras que la corona incorruptible está conectado con el cuerpo. Por lo tanto, el creyente que lucha una buena pelea y acabados el curso (es decir, que vence el pecado que afecta el cuerpo, alma y espíritu) se han ganado la corona de la vida y la corona incorruptible. Ahora es posible ganar la corona de justicia que es un premio mayor en el segundo nivel del reino. Con el fin de ganar esta corona, el creyente no sólo debe "librar una buena batalla" y "terminar su curso", pero también debe "mantener la fe." 

El mantenimiento o la vigilancia de la fe es necesaria para ganar la corona de justicia. Esta no es la fe común conectado a la salvación en el sentido evangélico, pero la fe que habla de la venida del reino de Cristo y produce buenas obras a través de los que esperan en él. Por ello, el versículo 8 dice que por encima de esta corona irá a los cristianos que "aman su venida". Así, los cristianos que están alerta y buscando ansiosamente el regreso de Jesús son los que mantienen la fe. Estos son cristianos que son ocupados a diario con Jesucristo a través de su Palabra y anticipar su regreso. 

Muchos cristianos realizar "buenas obras", pero sí en el poder de la carne. Para el observador que sólo ve la "apariencia", estas obras no aparecen diferente que las buenas obras en el poder del Espíritu Santo. Incluso los cristianos de realizar estos trabajos no se dan cuenta que sólo son de madera, heno y paja. Estas obras se pierda en el incendio en el tribunal de Cristo. Incluso Pedro recurrió al brazo de la carne cuando se cortó la oreja del soldado en el huerto de Getsemaní. 

La prueba principal para determinar la calidad de estos trabajos es el motivo de las obras, para el que mira a Dios "en el corazón." Muchas obras son realizadas por los cristianos con el fin de exaltar y glorificar a sí mismo. Se llevan a cabo a fin de recibir elogios y honor de los hombres y no de Dios. La parábola en Lucas 19:12-27 imágenes de los resultados de un funcionario que realiza las obras en el poder de su propia carne. Este servidor mantiene su libra establecido en una servilleta (es decir, un paño sudor) . Este servidor se llama malos no-negligente-y se pierde todo recompensa el mismo que el siervo que escondió su talento en la tierra (Mateo 25:14-30). El siervo que escondió su talento en la tierra se llama malo y negligente (es decir, que ni siquiera trabajan en el poder de la carne). 

Muchos cristianos que trabajan duro en la Iglesia y ocupar posiciones de liderazgo se va a sorprender cuando aparecen en el tribunal de Cristo y se enteran de que estaban ocultando sus libras en los paños de sudor del esfuerzo propio. 

Los cristianos a menudo quedan atrapados en las obras que deben ser vistos por los hombres en lugar de Dios. Algunas veces es incluso difícil para los cristianos a conocer sus propios motivos verdaderos. Por eso, David oró a Dios para buscar en su corazón y le muestran todas las formas del mal. Muchos cristianos encuentran difícil decir "no" cuando se le pidió ayuda. Tienen miedo de lo que piensa la gente. Que quedan atrapados en agradar a un pastor o amigos en lugar de Dios. Se nos dice que temen a Dios y no los hombres. Cabe recordar que el yugo de Dios es luz y no pesado. Si uno se siente pesado yugo o gravosos, entonces puede ser el yugo del hombre y no Dios. 

Muchos de estos creyentes que trabajan duro son los cristianos de Laodicea que no se dan cuenta de que son "miserable, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Apocalipsis 3:17). Están demasiado ocupados para estudiar la Biblia. El hilo común de los cristianos es la falta de conocimiento acerca de las cosas más profundas en las Escrituras. Se refieren a la salvación evangélica todo lo básico y que todos los premios son automáticos. Les falta la comprensión de las verdades más profundas de la Palabra de Dios en relación a la salvación del alma y la doctrina de las recompensas. 

La corona de gozo, 

El 
Corona de gozo, y el Corona de gloria son las dos coronas más alto otorgado a los cristianos por su fidelidad en la búsqueda del Reino de los Cielos. Se piensa comúnmente que la búsqueda del Reino de los Cielos está tratando de nacer de nuevo, pero esto es incorrecto. sólo los creyentes son capaces de buscar el Reino de los Cielos , y debe ser la ambición de todo cristiano. 

La corona de gozo, se otorgará sobre la base de ganar almas y no el espíritu ganador como se piensa comúnmente entre los cristianos. Evangelización (es decir, dando testimonio a los no salvos) es una obra muy importante, y habrá premios para los cristianos que evangelizan con los motivos correctos. Lamentablemente, gran testigo de Jesús se hace de la culpabilidad, la coacción de los pastores, la exaltación propia, y varias otras razones, pero el verdadero motivo debe ser el amor por el Señor Jesucristo y el deseo de complacer a nuestro Señor y Salvador, por ser obediente a la guía del Espíritu Santo. Un fuerte deseo de obedecer a la inspiración del Espíritu Santo le dará la audacia creyente en el testimonio. 

El ganador es la verdadera alma del cristiano que gana salvado a la gente a una vida de obediencia, enseñándoles las verdades más profundas (es decir, epignosis) de la Escritura. Soul ganar consiste en enseñar y motivar a los cristianos a ser vencedores. Ganador Espíritu salva al hombre de la pena del pecado, sino para ganar almas salva al hombre del poder del pecado. 

Espíritu ganador obtiene el creyente en el cielo, pero el alma de ganador obtiene el creyente en el reino de los cielos. Espíritu ganador consiste en una salvación que no se puede perder, pero el alma de ganador consiste en una salvación que sólo pueden ser alcanzados por la perseverancia en las buenas obras hasta el final. Espíritu ganador consiste en un regalo que es sin costo, pero el alma de ganador consiste en un premio que se trabaja para, y es muy costoso. Los premios, sin embargo, son muy grandes y muy superiores a los costos involucrados. 

El nivel más alto o primera regla en el reino pertenece a la Esposa de Cristo, y este nivel estará integrado por los cristianos que han ganado el alma de ganar la corona que se llama la corona de gozo. Esta corona se describe en las Escrituras siguientes: 

1 Tes 2:19 (RV) Por lo que es nuestra esperanza, o gozo, o corona de regocijo? No son ni siquiera vosotros en la presencia de nuestro Señor Jesucristo en su venida? 


Los cristianos tesalonicenses fueron muy fieles a diferencia de los Corintios, y Pablo tenía grandes esperanzas de que penetren en el Reino de Dios el Hijo. Escritura El siguiente es sólo uno, que confirma que esto es cierto: 

2 Tes 1:5 (RV) que es una señal evidente del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, para que vosotros también sufren: 

Pablo estaba muy contento de que los tesalonicenses tenían una fe madura, y perseveraron en las persecuciones y juicios. Paul estaba seguro de que sus almas (es decir, la vida) sería salvado por su fidelidad y que serían parte del Reino de Dios hijo. 

Paul también confianza en los Filipenses y su perseverancia hasta la salvación del alma de acuerdo a la Escritura siguientes: 

Fil 4:1-3 (RV) Por lo tanto, hermanos míos, amados y anhelaba, mi alegría y mi corona, así que estad firmes en el Señor, queridos. 2 Evodia ruego yo, y Síntique ruego, que sean de la misma opinión en el Señor. 3 Y te ruego también, cierto yokefellow, ayudar a las mujeres que trabajaron conmigo en el evangelio, con Clemente también, y con otros mi fellowlabourers, cuyos nombres están en el libro de la vida. 

La escritura anterior confirma que Paul está convencido de que sus nombres no serán borrados del libro de la vida. Observe de nuevo que el libro de la vida está claramente vinculado con las obras y no de gracia. 

Es importante comprender que el ganar almas implica mucho más que memorizar algunas Escrituras y una línea de apertura para determinar si alguien ha sido volver a nacer espiritualmente (es decir, han entrado en el Reino de Dios Espíritu Santo). Soul ganador consiste en conocer a Dios por conocer las Escrituras y meditar sobre ellos día y noche. Se trata de estar llenos del Espíritu Santo y otros cristianos que conduce a la vida llena del Espíritu. Se trata de estudio de la Biblia, la oración, alabanza y adoración, y se implica más que presentarme en de visita en las noches de lunes. ganancia de almas requiere de un paseo diario con Cristo y permanecer en Cristo para que Él pueda trabajar a través del creyente. 
Corona de gloria 

1 Pedro 5:1-4 (RV) Los ancianos que están entre vosotros, os exhorto, que también soy un anciano, y un testigo de los sufrimientos de Cristo, y también partícipe de la gloria que será revelada: 2 de alimentación del rebaño de Dios que está entre vosotros, teniendo la supervisión del mismo, no por fuerza, sino voluntariamente, no por ganancias deshonestas, sino de una mente preparada; 3 Ni como teniendo señorío sobre la herencia de Dios, sino siendo dechados de la grey. 4 Y cuando el Supremo Pastor, se manifieste, vosotros recibiréis la corona de gloria inmarcesible. 

La segunda corona en el máximo nivel de gobierno es la corona de gloria, y es posiblemente la corona de más alto rango de todos. Esta corona irá a los fieles en virtud de los pastores en un rebaño. Los ancianos son los que están espiritualmente madura en la Iglesia. Se cree que ellos representan, pastores y maestros que son responsables de la alimentación del rebaño, pero es todo cristiano que ha madurado en la fe y que ejerza su don espiritual en el servicio al cuerpo de Cristo. Estos son los cristianos que Dios ha puesto a su cargo en los otros agentes, según Mateo 24:25. 

Todos los cristianos son responsables de la alimentación y la edificación del cuerpo de Cristo mediante la utilización de sus dones espirituales. Los cristianos que ejercen sus regalos serán asignados los puestos de responsabilidad en la alimentación de otros cristianos en el momento oportuno. Además, parece incongruente que Dios le ofrece una corona sólo a los cristianos que tienen el don de profecía y la enseñanza o para los pastores ordenados de las iglesias locales. Ciertamente, todos los pastores deben ganar esta corona, pero esto parece poco probable en la actual Era de la Iglesia de Laodicea. 

Parece cierto que sólo un pequeño porcentaje de los que la Iglesia califica para ganar esta corona. De hecho, la mayoría de los de la Iglesia son chicas espiritual en Cristo y ni siquiera darle una idea que ellos estarán de pie delante de Jesús Cristo en el Juicio Asiento de Cristo, a dar cuenta de sus vidas. Numerosos cristianos tendrán sus nombres borrados del libro de la vida, porque no serán tenidos por dignos del Reino de Dios el Hijo. Hay numerosas Escrituras que advierten de esta posibilidad, pero los pastores y maestros relegar estas advertencias a los incrédulos (es decir, reprobados). Es necesario groseramente torcer la clara enseñanza de las Escrituras para llegar a esta conclusión. La Biblia fue escrita a los creyentes , y las advertencias en la Biblia son para los creyentes. 

La corona de gozo y la corona de gloria parecen estar vinculados a los "fieles y siervo sabio" de Mateo 24:45, que será "el soberano de todos sus bienes", como se muestra en Mateo 24:47. Cristianos que ganar estos coronas que han ganado las cinco coronas. Serán elegidos como la Esposa de Cristo, y que gobernará desde el nivel más alto en el reino. Ellos recibirán la recompensa completa de acuerdo a la Escritura siguientes: 

2 Juan 1:8 (RV) Mirad por vosotros mismos, que no perdamos las cosas que hemos trabajado, sino que recibirá una recompensa completa. 

RESUMEN 

Las Escrituras son claras que no todos los cristianos serán los vencedores en el Juicio de Cristo. Es importante que el lector se esfuerzan por entrar en el reino de Dios. Esto implica mucho más que la salvación simple de acuerdo a la gracia gratuita de Dios. Así que muchos predicadores están atrapados en la gracia de Dios y la salvación por la fe que ignoran por completo la clara enseñanza de las Escrituras en las recompensas que Dios tiene para los cristianos que están dispuestos a ir a la madurez. Una vez que un cristiano ha nacido de la Espíritu, él tiene la libertad para convertirse en un discípulo de Jesucristo, o continuar como un esclavo de su propia naturaleza soulical, el viejo (Efesios 4:22-24). 

Muchos predicadores hoy atrapados en juzgar si una persona es salva o no por la forma en que vive. Se ha convertido en una práctica común para los pastores a causa de los cristianos a dudar de su salvación por intentar describir lo que un verdadero cristiano es como. Utilizando los criterios establecidos por muchos pastores de hoy, Jesús mismo se hayan superado los ensayos, tan común en los círculos cristianos. Bebió el vino, que contenía alcohol, y era amigo de las prostitutas y los de los niveles socioeconómicos más bajos de la sociedad. Fue muy crítico con la jerarquía religiosa. Es inapropiado para los cristianos de tratar de juzgar la experiencia de salvación de otra persona por el comportamiento de esa persona. No estamos amonestó a juzgar (Mateo 7:1). La Biblia nos dice que algunos cristianos en la edad de la actual iglesia de Laodicea a vivir como la gente no haya guardado. 

Nadie, excepto Dios sabe que le pertenece a él. El único criterio para saber si una persona es un cristiano es su creencia en el Señor Jesucristo. Contrario a la enseñanza popular, la Biblia enseña "believism fácil", y no hay criterios adicionales necesarios para demostrar que la fe es real y válida. La persona que cree en el Señor Jesucristo recibe su testimonio de la salvación del momento en que cree (Romanos 8:16). Él sabe en su corazón que cree, y es un error para cualquier persona para robarle su seguridad de la salvación, señalando a sus obras. Salvación es un regalo gratis y no requiere obras ni antes ni después de la salvación ya sea ganancia o demostrar que la salvación es real. Se trata de los judaizantes que atan las obras en la salvación por la fe haciendo obras una consecuencia necesaria de la fe. Esta es la herejía de Señorío de Salvación. 

Es el deseo de Dios de que todos los cristianos lleguen a la conversión después de haber sido salvado espiritualmente. El arrepentimiento es un trabajo continuo de un cristiano piadoso. El evangelio de Juan fue escrito para que los hombres crean y se salven (Juan 20:31). Es significativo que la palabra arrepentimiento no se encuentra ni una sola vez en el libro. 

Dios no desea para cualquier cristiano a perder su alma. La siguiente escritura es uno de los versos más incomprendidos en toda la Escritura: 

2 Pedro 3:9 (NVI) El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 

Este pasaje está escrito "a los que han obtenido una fe igualmente preciosa con nosotros a través de la justicia de Dios y Salvador nuestro Jesucristo" (2 Pedro 1:1). Así, los beneficiarios de esta exhortación han nacido de nuevo, comprado con sangre, justificado cristianos. El barrio de "nosotros" somos cristianos y la gente no guardado que Dios está tratando desesperadamente de salvar. Dios salva a quien quiere y cuando quiera, y luego llama al arrepentimiento. Es sólo después de que han nacido de nuevo que realmente podemos arrepentirnos de nuestros pecados y salvar nuestras almas. Dios es paciente para con nosotros (es decir, los cristianos) y no quiere que ninguno de nosotros a morir (es decir, perder el alma). Esto se confirma en la siguiente Escritura que también está escrito por Peter: 

1 Pedro 1:9 (RV) Recibir el fin de vuestra fe, incluso la salvación de sus almas. 

Si el cristiano alcanza el final de su fe, que es la salvación de su alma, entonces se adjudicará la corona de la vida, y entrará en el reino de Dios el Hijo y reinar y gobernar con Cristo en el reino mesiánico. Muchos cristianos no recibirá el final de su fe, que es la salvación de sus almas. Sus nombres serán borrados del libro de la vida y su vida se pierda, en los fuegos de la sentencia del Tribunal de Cristo. Ellos han perdido su alma y su herencia como coherederos con Cristo. Numerosas Escrituras dan testimonio de este hecho, pero los cristianos se niegan a aplicar estas Escrituras a ellos mismos. 

Numerosos pastores intento de usar las Escrituras para demostrar que muchos cristianos no han sido verdaderamente nacido de nuevo espiritualmente, sino el renacimiento espiritual no es la cuestión en estas Escrituras. La salvación del alma es el problema, y esta salvación se refiere a las obras, y premios para estas obras en el Juicio de Cristo. Así, la Corona de la Vida es la corona de base por ser parte del Reino de Dios. Los siguientes textos suelen ser mal interpretado como pertenecientes a la salvación del espíritu, pero se están refiriendo a la entrada en el reino de Dios Hijo: 

Lucas 13:24 (RV) Esforzaos a entrar por la puerta estrecha: para muchos, os digo, tratarán de entrar, y no podrán. 

Lucas 13:28 (RV) Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob ya todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros mismos desechada.


Una persona no se esfuerza para salvarse. Es sólo cuando deja de pelear y él confía en la obra terminada de Jesucristo en el Calvario, que se guarda espiritualmente. Sin embargo, uno no salvar su alma en la lucha por el poder del espíritu, y esto se alcanza la salvación de una entrada en el Reino de Dios. Muchos cristianos se esfuerzan por entrar en las obras de la carne, pero no será capaz de entrar en el reino, porque sus vidas se perderán. La siguiente escritura se refiere a la salvación del alma y la corona de vida que es tan importante para todo creyente para ganar: 

Hebreos 2:2-3 (RV) Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda trasgresión y desobediencia recibió justa retribución de la recompensa; 3 ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande que en la primera comenzó a ser publicada por el Señor, y fue confirmada hasta nosotros por los que oyeron; 

Tenga en cuenta las frases que aparecen a entender que se trata de una salvación realizada con el propósito de la recompensa. La implicación es que los cristianos no se escape a la destrucción si descuidan esta salvación. Esta destrucción no es la condenación eterna, sino la pérdida del alma y de la Corona de la Vida. 

Una Escritura final exhortando a los cristianos para salvar sus almas y ganar la corona de la vida es la siguiente: 

Fil 2:12-13 (RV) Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, el trabajo en vuestra salvación con temor y temblor. 13 Porque Dios es el que obra en ti tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. 

La corona incorruptible y la corona de justicia son las coronas otorgado a los cristianos que el reinado del segundo nivel más alto de la regla en el Reino de Dios el Hijo. Lo más probable es representada por los 24 ancianos en Apocalipsis 4 y 5. Los 24 ancianos son análogos a los 12 discípulos que fueron los administradores de Jesús cuando estaba en la tierra. El número 12 es el número de gobierno de la tierra, mientras que el número 24 es el número de gobierno celestial. Así, los 12 discípulos fueron el equivalente terrenal de los 24 ancianos que serán coronados los soberanos del Reino de Dios el Hijo. 

El 
Corona de gozo, y el Corona de gloria son las coronas otorga a aquellos que reinará desde el más alto nivel de gobierno en el reino Estos cristianos conforman la Esposa de Cristo y lo más probable es representado por los cuatro seres vivientes en Apocalipsis 4 y 5. El número cuatro es el número de la creación y representa a todas las cosas creadas. La Novia de Cristo estará reinando sobre todo el Señor que es todo lo creado. 

Los cuatro seres vivientes de la mirada de la Revelación como un león, un buey, un hombre, y un águila. Es evidente que son los líderes de alabanza y adoración en la visión de Juan del cielo desde los 24 ancianos que sigan su liderazgo en la alabanza y adoración. Es interesante que estas cuatro criaturas simbolizan los diferentes aspectos de Jesucristo se presenta en los cuatro evangelios. El león representa a Jesús como el Rey de Israel, pues él es el león de la tribu de Judá, y el libro de Mateo representa a este lado de Jesús. El buey (es decir, de la pantorrilla), representa a Jesucristo como el siervo sufriente presentada en el libro de Mark. El hombre representa la naturaleza humana de Jesucristo tal como se presenta en el evangelio de Lucas. El águila representa la naturaleza divina de Jesucristo tal como se presenta en el evangelio de Juan. 

Así, los cuatro seres vivientes reflejan el carácter de Jesucristo en sus diferentes funciones. Ellos no pueden representar a Jesucristo en el libro de Apocalipsis, ya que participar en el culto, y se describen claramente los individuos redimidos. Por lo tanto, representan una clase de cristianos que se asemejan más a la imagen y el carácter de Jesucristo. Tienen la mente de Cristo. Este grupo puede ser otra que la Esposa de Cristo. 

Es significativo que Lucifer fue el líder de alabanza y adoración en el cielo antes de su caída y él era el más poderoso creado por Dios. Puede muy bien ser que la Esposa de Cristo tomará el lugar de Lucifer. Es evidente que la Esposa de Cristo será coherederos con Cristo de modo que su autoridad será sobre todas las criaturas. Esta fue también la posición de Lucifer antes de su caída. Él era la criatura más poderosa en el universo. 

Es un maravilloso proyecto de Dios para reemplazar el Lucifer rebelde con el hombre humilde cuya única condición es que aprendió a ser un siervo. Los cristianos que siguen el ejemplo de Jesús como un siervo ahora reinar y gobernar con Él en el Reino que viene. 

El libro de Ester presenta en la tipología de la caída de Lucifer y la exclusión del reino de la reina Vasti que fue rebelde al rey Asuero cuando estaba mostrando la riqueza de su reino glorioso. Lucifer era también muy bonito, pero se convirtió en orgullosa, desobedientes y resentido de su posición en el segundo lugar. Por lo tanto, el criterio para reinante y la decisión es la humildad en lugar de orgullo. 

La posición del cristiano en el reino está determinada por la fidelidad en la ejecución de la obra del Señor en el poder del espíritu y en obediencia a Él en esta vida. Habrá muchos cristianos que se avergonzaba de la aparición del Señor Jesucristo a causa de su egoísmo y su amor por las cosas de este mundo. Las cosas del mundo pasarán, pero las cosas se hagan para el Señor se verá muy recompensado (1 Juan 2:17). 

El Reino de Dios el Hijo es un reino literal de ocupación de tiempo y espacio. Una cosa es ser un tema en este reino (es decir, todos los cristianos). Es una cosa honorable para ser un oficial en servicio del rey y ser un administrador de una porción de su reino (es decir, los cristianos que entran en el reino y dominio sobre las ciudades). Es un asunto muy distinto a estar entre la corte del rey y tomar parte en el gobierno del reino y vivir en el palacio cerca de el rey (es decir, los cristianos que entrar en el reino y el gobierno sobre muchas cosas). Todavía es un honor más prestigioso de ser la esposa del rey y de co-reinar con él desde su trono (es decir, la Esposa de Cristo). Esta es una analogía simplificada del Reino de Dios el Hijo y con los tres niveles de gobierno y aquellos infelices que no tendrá ningún puesto de autoridad en el reino. 

Las cinco coronas dirigida en la Escritura representan las metas que cada cristiano debe esforzarse por alcanzar en su caminar cristiano con el Señor. Cada cristiano sabio debe establecer sobre la ganancia de las cinco coronas para que pueda recibir una recompensa plena y reinar y gobernar, como la novia de Cristo. Solamente aquellos cristianos que se han mantenido limpio y puro y que han vivido en estrecha comunión y la comunión con el Señor Jesucristo será recompensado con el premio "del supremo llamamiento de Dios. Estos cristianos siervo será gloriosamente presentado como el
Esposa de Cristo . El honor será sin precedentes en toda la historia. 

Los cinco coronas se describen: 


 

Corona

Alcance de la Autoridad de 

Tipo de Servidor

Descripción

De la Corona de la Vida 

"Soberano de las ciudades" Lucas 19:17 

"Bueno" Lucas 19:17 

"El Elegido" 

Incorruptible de la Corona y Corona de Justicia 

"Gobernador sobre muchas cosas" Mateo 25:21 

"Bueno y fiel" 

"Los fieles" 

Corona de gozo y corona de gloria 

"Gobernador sobre todos sus bienes" Mateo 24:47 

"Fiel y prudente" Mateo 24:45 

"El Sabio" 

Corona 

¿Cómo Ganados 

   

De la Corona de la Vida 

Arrepentirse y ser bautizados, soportar con paciencia los ensayos actuales y las pruebas de la vida. El bautismo es a través del agua y las imágenes de la muerte del yo. El bautismo del Espíritu se produce el momento de la salvación (es decir, el renacimiento espiritual)

   

Incorruptible de la Corona

Sed llenos del Espíritu Santo. Aplazar los deseos y apetitos carnales del cuerpo. A su vez de las cosas del mundo. 

   

Corona de justicia, 

Mayor en la Palabra. Ponga en los frutos del Espíritu de forma coherente. Mantener la fe. Aman su venida. 

   

Corona de gozo, 

Sea un ganador de almas (es decir, motivar a los cristianos de otros para ganar la corona de la vida por salvar sus almas). 

   

Corona de gloria 

Tienden, plomo y alimentar el rebaño (es decir, los dones espirituales ejercicio en la construcción y edificación del cuerpo de Cristo). Esto requiere un conocimiento de las Escrituras. 

   

 

 

 

 

La Importancia de ser miembro de una iglesia local

                          Sugel Michelén

 

 Una de las características predominantes de la sociedad occidental es el individualismo. El hombre occidental tiende a pensar en sí mismo mayormente como un individuo y no como parte de un conglomerado.

 

Más aun, el hombre contemporáneo parece haber desarrollado una alergia crónica contra todo tipo de compromiso. Repele fuertemente todo aquello que pudiera coartar sus deseos e interferir con sus planes; lamentablemente esta mentalidad no ha dejado de tener un impacto dentro del cristianismo. Muchas personas profesan ser creyentes y pretenden tener una relación personal con Cristo, sin tener al mismo tiempo una relación vital con la iglesia. Pero tal cosa es sencillamente imposible. Estar en Cristo es equivalente en el NT a estar en la Iglesia; amar a Cristo es amar a la Iglesia, preocuparse por ella, involucrarse en ella. Si pasamos por alto esa dimensión corporativa de la obra redentora de Cristo, estamos tergiversando el mensaje de las Escrituras y reinventando el cristianismo.

 

Pablo dice en Tito 2:14 que Cristo se dio a Sí mismo por nosotros “para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. Comentando este texto, dice Sinclair Ferguson: “Pablo enfatiza aquí, y en muchos otros lugares, que Cristo quiere crear un pueblo, y no meramente salvar a individuos aislados que crean en Él”. Ese interés de Cristo por la unidad de Su pueblo, quedó claramente evidenciado en la oración intercesora que Juan recoge en el capítulo 17 de su evangelio, y que estudiamos en el primer sermón de esta serie. Si nuestras oraciones revelan los anhelos más profundos del alma, entonces no hay duda alguna de que la unidad de los creyentes es un asunto prioritario en la mente y el corazón de Cristo (comp. Jn. 17:1120-23).

 

El señor no pide al Padre que los Suyos vengan a ser uno, porque eso ya es una realidad que vino incluida en el paquete de la redención; pero Él pide que esa unidad pueda ser perfeccionada y manifestada en una medida cada vez mayor. Es por eso que ser parte activa de una iglesia local no es un asunto opcional para el creyente. Como bien señala el pastor Mark Dever: “Si te llamas a ti mismo cristiano pero no eres miembro de una iglesia a la que asistes regularmente, me temo que puedas ir camino al infierno”. ¿Está sugiriendo el pastor Dever que la membresía de la iglesia es lo que nos hace cristianos? ¡Por supuesto que no! Pero él quiere subrayar una verdad que muchos cristianos profesantes parecen estar pasando por alto: la centralidad de la iglesia en el plan redentor de Dios y en la vida práctica del verdadero creyente.

 

Recientemente un novelista con mucha imaginación, y con un manejo muy cuestionable de la historia, escribió una novela que gira en torno a una supuesta relación matrimonial entre Cristo y María Magdalena: El tristemente célebre Código Da Vinci. Pero lo cierto es que la Biblia sólo reconoce una esposa de Cristo, la que Pablo menciona en su exhortación a los esposos en el capítulo 5 de su carta a los Efesios: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25).

 

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                       EL MISTERIO DEL REINO DE LOS CIELOS 

Decía además: «Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra. Duerma y vele, de noche y de día, la semilla brota y crece sin que él sepa cómo, porque de por sí lleva fruto la tierra: primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado». Marcos 4.26–29

 

Cuando yo era joven, pensaba que todo se podía entender y explicar si se lo analizaba con un espíritu cuidadoso y perseverante. A decir verdad, como muchos jóvenes a mi alrededor, aun de aquello que no entendía me atrevía a dar explicaciones. Muchas veces también, en el rol de maestro, me sentía en la obligación de dar una respuesta a mis alumnos de cosas que no entendía con mucha claridad.

Con el pasar de los años he entendido cada vez más que gran parte de lo que ocurre a nuestro alrededor está envuelto en un manto de misterio. La vida se ha encargado de mostrarme que muchas de las cosas acerca de las cuales hacía afirmaciones categóricas no eran tal cual yo las describía. Hoy, me siento más cómodo (y creo, también, que es más honesto) admitiendo ante aquellos a quien Dios me ha dado el privilegio de instruir que hay muchas cosas que no entiendo muy bien.

Seguramente esta era una de las verdades que Cristo estaba queriendo comunicarle a sus discípulos en esta parábola que compartió con ellos. El cultivo de la tierra era una actividad tan antigua como Israel misma. La mayoría de las personas tenían contacto con la actividad de sembrar y cosechar. El proceso por el cual una pequeña semilla, aparentemente seca, se convertía en una planta frondosa con frutos provechosos para el hombre era enteramente misterioso para los que cultivaban la tierra. Solamente podían afirmar que una semilla echada en tierra produciría, unos meses más tarde, una planta de la cual se podrían sacar alimentos.

El proceso de crecimiento dentro del reino también está velado por el misterio. ¿Quién puede explicar el proceso por el cual una persona rebelde, airada o deprimida se convierte en un discípulo gozoso y comprometido con la persona de Cristo? ¿Quién de nosotros entiende bien como es que ocurre la transformación que nos lleva a ser cada vez más parecidos al Señor? ¿En qué momento ocurre? ¿Cuáles son sus agentes? ¿Qué fenómenos la acompañan? La verdad es que la mayoría de nosotros solamente podemos testificar que ocurre, porque vemos sus frutos luego de un período determinado de tiempo.

¿Por qué es importante que entendamos esto? Porque existe una tendencia en cada uno a creer que es nuestro esfuerzo el que produce los resultados, que son nuestros programas los que aseguran el crecimiento de la iglesia, que nuestra elocuencia produce convicción en los que nos escuchan. Todo esto es una falacia. La gran mayoría de las cosas que ocurren en el mundo espiritual se resisten a la explicación. No las entendemos. Solamente podemos celebrarlas, dando gracias porque nos es dado a comer de sus frutos.

Para pensar:

«El crecimiento nunca es el producto del esfuerzo, sino de la vida». Augusto Strong.[1]



[1] Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

 

 

 

 

 

LAS CARACTERÍSTICAS DE LOS HOMBRES MADUROS

 

En cuanto a las virtudes que Tito debe inculcar en los hombres maduros de las congregaciones, Pablo menciona seis, que en realidad constituyen dos grupos de tres: es obvio que la sobriedad, la dignidad y la prudencia se parecen entre sí; y Pablo mismo agrupa las tres restantes al decir sanos en la fe, en amor y en perseverancia.

Sobrios

 En su origen etimológico, la sobriedad se refiere a la ausencia de vino o de embriaguez12. No podemos rehuir este sentido literal de la palabra, puesto que el mismo Pablo es aun más explícito a este respecto en sus enseñanzas sobre las ancianas, quienes no deben ser esclavas de mucho vino (2:3), y sobre los pastores, que no deben ser dados a la bebida (1:7)13. ¡Parece ser que el abuso del alcohol era un problema serio en Creta!

 

Sin embargo, en tiempos de Pablo, la palabra traducida como sobrio se empleaba habitualmente con un sentido más amplio, indicando seriedad, prudencia y sensatez. Los comentaristas debaten acerca de cuál de estos matices tenía en mente el apóstol. Quizás hagamos mejor en dar cabida a todos: por una parte, los ancianos no deben ser esclavos del alcohol, ni de ningún otro vicio o atadura, sino que deben practicar la moderación y rehuir todo tipo de exceso14; pero, por otra parte, deben ser personas racionales y prudentes, con un pleno uso de sus facultades morales y espirituales y con un amplio dominio sobre sí mismos. La embriaguez conduce a la desagradable escena de personas fuera de sí que han perdido el control de sus facultades. No así el hombre maduro en Cristo. Por la obra de gracia del Espíritu de Dios, ha ido creciendo en santidad, sabiduría y madurez, y ahora ejerce un equilibrado dominio sobre sus apetitos, ambiciones, pasiones y humores. No es zarandeado por las embriagantes influencias de sus estados anímicos ni por las desconcertantes presiones de los vientos de doctrina que soplan a su alrededor, sino que camina rectamente en el temor de Dios.

 

Dignos

 

La dignidad (o seriedad), naturalmente, guarda una estrecha afinidad con la sobriedad. No está reñida con un buen sentido del humor ni se manifiesta mediante caras largas; tampoco debe confundirse con la melancolía. Más bien representa un repudio de actitudes frívolas y superficiales ante la vida. En aquel entonces se asociaba con la honorabilidad y el respeto.

 

La palabra sugiere la gravedad y dignidad de porte que invita al respeto y a la reverencia15.

 

El hombre maduro debe ser digno de respeto y hacerse respetar por su recta manera de vivir y por la sensatez de sus acciones y palabras.

 

Nada es tan vergonzoso para un viejo como entregarse a los desenfrenos juveniles16.

 

Cae por su propio peso el hecho de que el creyente maduro, que ha caminado desde hace años en comunión con Dios y ha adquirido con ello cierto grado de comprensión de la vida según la perspectiva celestial, forzosamente será una persona caracterizada por la dignidad. Puede ser una persona amable y sonriente, con mucha alegría y que resulta una buena compañía; pero, en el fondo, sus actitudes ante la vida serán sobrias, porque convivir con Dios es profundizar en el conocimiento de la santidad divina y de la miseria humana, de la vida abundante y de la perdición eterna, del juicio venidero y del Dios omnisciente que todo lo ve. Convivir con Dios es comprender lo que realmente está en juego en esta vida. Es tomarse la vida en serio.

 

Prudentes

 

En tercer lugar, los hombres maduros deben ser sensatos, considerados y equilibrados. Deben ejercer templanza y dominio propio. Deben saber controlar sus apetitos carnales, instintos primarios y pasiones turbulentas a fin de reaccionar ante las circunstancias de la vida con sabiduría y discreción. Deben saber guardar confidencias y no ser dados al chismorreo, a la calumnia o a la murmuración.

 

La palabra traducida como prudentes —que ya hemos tenido ocasión de estudiar en el contexto del nombramiento de ancianos (v. 8)— es una de las palabras clave de esta sección de la Epístola. Aparece nada menos que cinco veces: en el caso de los hombres maduros, de las ancianas17, de las mujeres jóvenes (v. 5), de los hombres jóvenes (v. 6) y de todos (v. 12)18. Constituye, pues, la característica dominante de la enseñanza ética de este capítulo19, lo cual quizás nos sorprenda, porque no solemos considerar la prudencia como una de las principales virtudes cristianas. Sin embargo, bien pensado, la persona que, por medio de la capacitación del Espíritu Santo, ejerce dominio propio20, se libera de las diversas motivaciones carnales que la esclavizan y está en condiciones de poder ejercer aquellas virtudes que consideramos más importantes: el amor, la rectitud, la veracidad, la justicia… Quien no es prudente y no sabe controlar sus motivaciones egocéntricas, no será capaz de manifestar las demás características de Cristo. La prudencia trae consigo toda clase de virtud y bien.

 

Por tanto, todo creyente que vive conforme al evangelio ha de crecer forzosamente en prudencia; pues ésta, en esencia, es la capacidad de entender la vida con los criterios, pensamientos y sentimientos de Dios. Quien no crece en prudencia manifiesta la pobreza de su comunión con el Señor. Todos los cristianos deben ser prudentes en cierto grado por haber empezado a enfocar la vida en el temor de Dios, que es el principio de la sabiduría (Proverbios 1:7). Pero el hombre maduro debe serlo también por su larga experiencia de comunión con Dios y por haber aprendido a ver las cosas con los ojos de Dios.

 

Este primer grupo de virtudes —sobrios, dignos, prudentes— corresponde a las que el mundo antiguo solía considerar propias del anciano. En cambio, el segundo grupo —sanos en la fe, en amor, en perseverancia— consiste en virtudes propias del evangelio cristiano. Si la doctrina del evangelio es sana, producirá efectos sanadores en los que la abrazan. El anciano, pues, debe ser sano en sus relaciones con Dios y con su prójimo. Debe haber aprendido a comportarse de una manera que sea digna del Señor (Colosenses 1:10), de su vocación (Efesios 4:1) y de su edad.

 

Por supuesto, todo creyente debe ser sano. Ésta es la finalidad que Tito (1:13; 2:1) y los ancianos (1:9) deben perseguir en su ministerio. Pero la sanidad debería destacar especialmente como marca de los hombres maduros. La vejez cristiana debe significar un proceso de creciente victoria sobre los diversos males, tentaciones y defectos carnales que nos acechan. El envejecimiento siempre se caracteriza por el aumento de enfermedades físicas y la progresiva pérdida de facultades; pero en lo espiritual el proceso puede, y debe, ser al revés; la adquisición de una salud cada vez más robusta y el pleno ejercicio de facultades:

 

No desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día (2 Corintios 4:16).

 

El creyente maduro debe rebosar de salud espiritual. Debe ser una persona sumamente sana en sus actitudes, palabras, acciones, aspiraciones y relaciones. Y su salud debe manifestarse especialmente en tres cosas, las cuales podrían ser consideradas las tres dimensiones fundamentales de la conducta cristiana: la fe, el amor y la paciencia.

 

Sanos en la fe

 

Ya hemos visto que la palabra fe admite dos acepciones21. Por un lado, casi puede ser un sinónimo de doctrina, en cuyo caso el apóstol está diciendo que los ancianos deben haber meditado larga y profundamente sobre la revelación de Dios y la enseñanza apostólica hasta haber adquirido una fe bien fundamentada y estable. Deben saber lo que creen y por qué lo creen.

 

Por otro lado, la fe nos habla de una confiada dependencia del Señor Jesucristo. Los ancianos deben ser como Abraham, que en la vejez se fortaleció en la fe, en esperanza contra esperanza (Romanos 4:19–20). Su confianza en el Señor y su comunión diaria con él deben ser mucho más grandes y firmes que al principio.

 

Es difícil saber cuál de estos matices tendría en mente el apóstol. Pero, en todo caso, los ancianos deben ser ejemplares, tanto en su entendimiento de la doctrina como en su vida de comunión con el Señor Jesucristo, tanto en su meditación de la Palabra como en su caminar con Dios.

 

Sanos en amor

 

Si la fe contempla a Dios como su objeto, el amor —al menos, en sus manifestaciones prácticas— se dirige principalmente al prójimo. La fe resume las exigencias de la primera tabla de los diez mandamientos; el amor la segunda. El que es sano en la fe y en el amor, guarda los mandamientos de Dios.

 

A veces, los viejos se vuelven ariscos, intolerantes, gruñones, egoístas, quejumbrosos y críticos con los demás. Su conversación se centra en sus propios achaques físicos y ansiedades económicas. Se caracterizan por el malhumor y la impaciencia. Pero los hombres maduros en Cristo no deben ser así. Antes bien, deben ser ejemplos de amabilidad y ternura; deben ser afables en el trato, mostrando consideración y paciencia, y preocupándose no por sus intereses egoístas, sino por el bien de los demás.

 

Sanos en perseverancia

 

Si la fe contempla a Dios, y el amor al prójimo, la perseverancia contempla la reacción fiel del creyente ante las adversidades y pruebas de la vida.

 

En 1 Corintios 13:13, Pablo establece su famosa trilogía de la fe, el amor y la esperanza. Aquí, en vez de nombrar la esperanza, habla de la perseverancia22. Pero la esperanza y la perseverancia (o la paciencia), en su uso bíblico, están íntimamente relacionadas entre sí. 1 Tesalonicenses 1:3, que habla de la perseverancia de vuestra esperanza en el Señor Jesucristo, indica que estaban estrechamente asociadas en la mente del apóstol. La perseverancia es la fe ejercida a lo largo de la vida vivida con esperanza.

 

La vejez comporta muchas bendiciones, pero también muchos motivos de ansiedad y dolor. Es la edad de muchas enfermedades, porque el cuerpo se va desgastando. Es la edad de una soledad creciente, pues los amigos y parientes de la juventud sucumben ante la muerte. Es la edad de la frustración de aspiraciones incumplidas, de la triste nostalgia de ambiciones que ahora nunca podrán ser realizadas, de la comprensión de que la vida ha servido para bien poco. Estos sentimientos pueden conducir fácilmente a intensas experiencias de desánimo y desengaño. En cambio, el anciano maduro en Cristo, que mantiene vivos su fe y su amor, mantendrá viva también su esperanza y soportará las pruebas y tribulaciones de la vida sin perder el ánimo ni el valor23.

 

Así pues, el evangelio tiene que ver con la sanidad, en el sentido más profundo de la palabra. Además de proclamar las doctrinas del evangelio, Tito debe enseñar a los creyentes a permitir que los efectos sanadores del evangelio se manifiesten en ellos. En el caso de los ancianos, la sana doctrina debe producir el fruto de la fe, el amor y la perseverancia. Todos ellos deben ser sanos y robustos. Así serán ejemplares para las generaciones que les siguen.[1]

 

 

 



12 Ver Hiebert, pág. 48; Collantes, pág. 1078.

13 Cf. 1 Tesalonicenses 5:4–8.

14 Esto en contraste con la afamada glotonería de los cretenses (1:12).

15 Hiebert, pág. 48.

16 Calvino, pág. 359.

17 El verbo enseñen, en el versículo 4, tiene la misma raíz etimológica y podría traducirse como inculcar prudencia. Está claro que uno no puede inculcar aquello que no experimenta en su propia vida.

18 En nuestra versión, el texto del versículo 12 reza: sobria, justa y piadosamente. Pero la palabra traducida aquí como sobria no es otra sino la misma traducida como prudente en los demás casos.

19 Cf. Erdman, pág. 162: Se repite tan a menudo en este capítulo que llega a constituir la nota clave de los preceptos morales que contiene.

20 Ver 2 Timoteo 1:7.

21 Ver CENT 156, págs. 171–172.

22 Esta trilogía se encuentra con frecuencia en las Pastorales. Ver 1 Timoteo 6:11; 2 Timoteo 3:10.

23 Hiebert, pág. 49.

[1] Burt, D. F. (2001). Adornando la Doctrina de Dios, Tito 2:1–3:15 (1a Edición., Vol. 157, pp. 18–24). Barcelona: Publicaciones Andamio.

 


 

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Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado á los Gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria 

1Tim. 3:16